• Alexis Sazo

Un amor que no cesa



Por lo cual dice: Despiértate, tú que duermes, y levántate de los muertos, y te alumbrará Cristo. (Efesios 5:14)


Día tras día, un amoroso padre iba al hospital a ver a su hijita que estaba en coma. Muchas veces le llevaba flores a su pequeña de 6 años, mientras se sentaba a su lado y le hablaba del maravilloso mundo que había al otro lado de la ventana; pero en su estado inconsciente, el único sonido que ella hacía era su respiración dificultosa.


Un día, una enfermera que la cuidaba regularmente, conmovida por la fidelidad no recompensada del padre, le dijo: «Debe ser duro dar tanto amor viéndola así». «Voy a seguir viniendo, seguiré trayéndole flores y continuaré contándole cuentos aunque ella no se entere de que la amo con todo mi ser, e incluso aunque ella no me quiera» —le contestó el padre a la enfermera.


En aquel hombre podemos ver un pálido ejemplo del amor de Dios hacia sus criaturas. Él nos ama paciente e incansablemente; ya sea que seamos conscientes o no de ello. Porque puede que no seamos conscientes de su presencia, como si estuviéramos espiritualmente comatosos, tal como aquella niña. A todos aquellos que se encuentran en dicha condición, dice la Palabra de Dios:


He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo. (Apocalipsis 3:20)


Hoy, como siempre, querido amigo(a), Dios quiere llegar hasta ti, desea alcanzar tu corazón, para darte salvación eterna. El pecado hace que tu vida corra peligro, y Dios tiene el antídoto, pero primero debes venir a los pies de Jesús buscando perdón. Responde ahora al amor que no cesa, porque mañana podría ser muy tarde.


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