• Alexis Sazo

¡Toma tiempo!



Estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo (Filipenses 1.6 RVR60)


Se cuenta la historia de un consumado artista que le estaba dando los toques finales a una escultura de bronce que había hecho. Mientras el artista seguía limando, alisando y puliendo la superficie, un observador preguntó: —¿Cuándo terminará? «Nunca —fue la respuesta—. Yo sigo trabajando sin cesar hasta que alguien venga y se la lleve».


Lo mismo se podría decir de los hijos de Dios. Si bien, desde el momento de nuestra conversión, somos declarados justos y sin pecado en Cristo Jesús. Sin embargo, cuando llegamos al asunto de la semejanza con el Señor Jesús en nuestro diario vivir, tenemos que ser igual que aquel artista y trabajar sin descanso «hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo» (Efesios 4.13 RVR60); y esto hasta el día en que o partamos a la presencia del Señor o Él venga a buscarnos.


Mis hermanos, el moldeado a la figura de Cristo en la vida de cada creyente es un proceso que conlleva tiempo. Porque no plantamos una semilla de manzana y al otro día tenemos un manzano dando frutos, no; del mismo modo, los cambios en un creyente no pasan de la noche a la mañana. Es más, alcanzar la estatura de Cristo nos puede tomar toda la vida y aún así no llegar a obtenerla completamente.


Por cierto, este proceso no lo hacemos los creyentes por nosotros mismos, ni tampoco lo hace Dios sin nuestra intervención, sino que este es un trabajo en conjunto entre el Espíritu Santo y nosotros. Por ejemplo, Él nos santifica, pero si nosotros no nos negamos a nuestros deseos carnales, jamás podremos vivir una vida santa. Es como lo que Dios le dijo a Caín:


Serás aceptado si haces lo correcto, pero si te niegas a hacer lo correcto, entonces, ¡ten cuidado! El pecado está a la puerta, al acecho y ansioso por controlarte; pero tú debes dominarlo y ser su amo. (Génesis 4.7 NTV)


Así que, mis hermanos, tanto si usted es un nuevo creyente como si conoce al Señor hace muchos años, «crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo» (Efesios 4.15 RVR60). No permita que los reveses, los tropiezos y los fracasos espirituales lo desanimen. Manténgase constantemente comunicado con Dios en oración; lea su Biblia a diario y medite en ella; pase tiempo a solas con el Señor, converse con Él como lo haría con cualquier persona; y en la media que se alimente de su Palabra, pase tiempo con Dios y obedezca sus mandamientos, irá siendo moldeado a la forma de Cristo por medio del poder del Espíritu Santo que mora en usted. Pero recuerde, este proceso ¡toma tiempo!


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