• Alexis Sazo

Temer al futuro



No temas, porque yo te redimí; te puse nombre, mío eres tú. (Isaías 43:1)

Todos podemos experimentar cierta aprensión y temor cuando pensamos en el futuro. ¿Qué me espera? ¿Qué pasará más adelante? Etc. Pero esto cambia cuando creemos en Jesucristo y ponemos nuestra confianza en Él, ya que Dios nos da paz interior, y ya no tememos al futuro. Bien dice su Palabra:

Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado. Confiad en Jehová perpetuamente, porque en Jehová el Señor está la fortaleza de los siglos. (Isaías 26:3–4)

Si miramos el versículo del encabezado, podemos decir que Dios mismo asegura a cada creyente, diciéndonos: «Yo te redimí». Es que no solo nuestros pecados han sido perdonados, sino que también hemos sido liberados del juicio futuro. Hemos sido arrancados del poder de Satanás para vivir como hijos de Dios. Y esta liberación es el resultado de la muerte y la resurrección del Señor Jesucristo, quien venció a la muerte en la cruz una vez para siempre (Hebreos 2:14).

Además sigue diciendo: «Te puse nombre». De aquí se desprende el hecho de que Dios nos conoce personalmente. Y es más, nos dice el salmista: «Él conoce nuestra condición; se acuerda que somos polvo» (Salmo 103:14), sabe cuán frágiles somos, pues conoce nuestros puntos débiles. Y es a partir de nuestra conversión que Dios pasa a ser nuestro Padre, un Padre que nos ama y desea nuestro bien cada día.

Desde ese momento le pertenecemos, y nos asegura: «Mío eres tú». Así nos manifiesta el valor que tenemos para Él, no porque seamos virtuosos o dignos de ser amados, sino debido al precio infinito que su Hijo pagó por nuestro rescate: Él dio su vida por nosotros. Por lo tanto, debido al sacrificio del Señor somos preciosos al corazón de Dios, somos su «especial tesoro» (Malaquías 3:17). Y es por esta razón que Él nos cuida, nos protege y nos conducirá hasta el cielo; como dijo el Señor, a la casa del Padre (Juan 14:2).

Así que, hermanos, no temamos al porvenir desconocido, porque todo está en su mano todopoderosa. Y gocémonos en el hecho de que somos propiedad de Dios y su especial tesoro, pues nos dice: «con amor eterno te he amado» (Jeremías 31:3). Entonces, ¿habremos de temer al futuro?


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