• Alexis Sazo

Tómate un tiempo



Está atento a la voz de mi clamor, Rey mío y Dios mío, porque a ti oraré. (Salmos 5:2)


Había sido un día muy agitado para Jesús. Se encontraba visitando la ciudad costera de Capernaum, pero no de vacaciones. Primero fue a la sinagoga a enseñar. Y estando allí echó a un espíritu inmundo de un hombre que estaba presente en el lugar (Marcos 1:21–28). Luego caminó a casa de Pedro, uno de sus apóstoles, y sanó a la suegra de éste, la cual se hallaba con fiebre (Lucas 4:38–39). Más tarde, ese mismo día, una gran multitud se reunió fuera de aquella casa, y el Señor Jesús pasó gran parte de la noche sanando a los enfermos y echando fuera demonios (Mateo 8:16–17). ¡Cuán agotado debió haberse sentido luego de que el último de los que habían llegado se fue a su hogar!


Ciertamente se merecía un día libre para poder reponerse, o al menos poder descansar hasta tarde. Pero ¿qué fue lo que pasó? Dice su Palabra:


Levantándose muy de mañana, siendo aún muy oscuro, salió y se fue a un lugar desierto, y allí oraba. Y le buscó Simón, y los que con él estaban; y hallándole, le dijeron: Todos te buscan. Él les dijo: Vamos a los lugares vecinos, para que predique también allí; porque para esto he venido [énfasis añadido]. (Marcos 1:35–38)

El Señor Jesús sabía que su ministerio lo llevaría a otras ciudades y a ayudar a miles de personas que estaban necesitadas no solo de su mano sanadora, sino de sus palabras. ¿Cuál es el ejemplo que nos dejó? Que para prepararse y estar listo para cumplir la voluntad del que lo envió, su más alta prioridad era orar. Lo vemos después de un duro día de trabajo y una larga noche haciendo el bien, levantándose de madrugada para orar. Se alejó de todo y de todos para tener un momento de intimidad con su Padre, pues era lo que necesitaba para poder seguir.


¿Actuamos nosotros igual? Luego de un largo día de trabajo, ¿nuestro único deseo es orar a Dios? Lo cierto es que no. Pero tenemos al ejemplo perfecto. Imitémoslo, porque si Él siendo Dios necesitaba orar a su Padre, ¡cuánto más nosotros que somos viles pecadores! Así que tomémonos un tiempo para orar, pues verdaderamente lo necesitamos.


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