• Alexis Sazo

Sumisos a Jesucristo



Después de estas cosas salió, y vio a un publicano llamado Leví, sentado al banco de los tributos públicos, y le dijo: Sígueme. Y dejándolo todo, se levantó y le siguió. (Lucas 5:27–28)


¿Cuál era esa autoridad del Señor Jesús para que Leví (cuidado rico e importante de la época) dejara su trabajo y toda su fuente de ingresos para seguirle? ¿Por qué obedeció inmediatamente su llamado? Puede que alguna vez nos hayamos preguntado esto cuando leímos este pasaje, e incluso puede que hasta nos hayamos cuestionado el hecho de si nosotros hubiésemos hecho lo mismo que Mateo. Aunque cabe mencionar que a nadie le gusta recibir órdenes, y es más, siempre estamos dispuestos a defender nuestra independencia. No obstante, el llamado del Señor Jesús tiene algo diferente, algo que lo hace irresistible.


Aunque la pregunta que todos los creyentes debemos hacernos es: ¿estamos verdaderamente dispuestos a entregarle al Señor la dirección de nuestras vidas, reconociéndolo como el Señor de nuestras vidas? Y más aún, ¿vivimos una vida en sumisión a Dios? Porque ¿tiene derecho el Señor a darnos órdenes? Sí, ¡por supuesto! Primero, por ser el Hijo de Dios. Segundo, porque nos compró con su sangre, por tanto, ya no somos nuestros (1 Corintios 6:20). Hacer esto último le valió al lugar más alto de todos, tal como dice su Palabra:


Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra. (Filipenses 2:9–10)


Ahora, como creyentes, ¿podemos rechazar su autoridad? Sí, porque Dios nos ha dado dicha libertad. Sin embargo, si hacemos esto último no seremos verdaderamente libres, pues estaremos eligiendo vivir para el pecado y no para Dios, ya que el pecado nos esclaviza, mientras que Jesús nos hace libres (Juan 8:34, 36).


Someternos a la autoridad de Dios es indispensable para la vida cristiana, pues de otra forma nunca creceremos hasta alcanzar la estatura de Cristo (Efesios 4:13) ni daremos frutos como Él desea. Además, la verdadera libertad se experimenta a plenitud en la sumisión a Jesucristo.


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