• Alexis Sazo

Sublime gracia



Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios (Efesios 2.8 RVR60).


John Newton, nació en inglaterra en el año 1725 y murió en 1807. Fue el escritor del himno quizás más famoso que existe, Sublime gracia (Amazing Grace). Su madre era cristiana y le enseñó de la Biblia desde temprana edad; pero cuando Newton tenía 7 años, ella murió de tuberculosis.


A los 11 años, Newton realizó su primero de seis viajes por mar con un capitán de la marina mercante. Pero perdió su primer trabajo debido a «un comportamiento inestable y la impaciencia y falta de moderación», un patrón que persistiría durante años. Pasó sus últimos años de adolescencia en el mar antes de ser recibido a bordo del H.M.S. Harwich en 1744 (barco de la marina real inglesa). Sin embargo, Newton se rebeló contra la disciplina de la Royal Navy y desertó. Lo atraparon y lo arrestaron. Finalmente convenció a sus superiores para que lo enviaran a un barco esclavista donde se convirtió en un traficante de esclavos.


Conocido por maldecir y blasfemar, trabajó en un barco de transporte de esclavos durante la época más cruel del comercio transatlántico de esclavos, hasta que, finalmente, llegó a ser capitán. Una conversión dramática en alta mar lo colocó en el sendero de la gracia. Pero siempre sintió que no merecía la nueva vida que tenía. Se convirtió en un predicador del evangelio y, con el tiempo, líder de un movimiento abolicionista. Newton se presentó ante los congresistas de los Estados Unidos y dio un testimonio presencial irrefutable del horror y la inmoralidad del mercado de esclavos. También es conocido como el autor de la letra de uno de los himnos más amados de todos los tiempos: Sublime gracia.


Newton afirmaba que, si tenía algo bueno, se lo debía a la obra de la gracia divina. Al hacerlo, se coloca a la misma altura de estos grandes héroes: un asesino y adúltero (el rey David), un cobarde (el apóstol Pedro) y un perseguidor de los cristianos (el apóstol Pablo). Esta misma gracia está a disposición de todos los que claman a Dios, porque «en [Él] tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia» (Efesios 1.7 RVR60).


Ninguno de nosotros es digno de la misericordia, gracia y amor de Dios que hemos recibido. Todos merecíamos la ira, condenación y sufrimientos eternos por nuestros inmundos pecados. Por lo tanto, cada uno de los que hemos sido salvados por el Señor podemos decir:


Sublime gracia del Señor

Que a un infeliz salvó

Fui ciego mas hoy veo yo

Perdido y Él me halló.


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