• Alexis Sazo

¿Somos constantes para el bien o para el mal?



¡Cuán inconstante es tu corazón, dice Jehová el Señor, habiendo hecho todas estas cosas, obras de una ramera desvergonzada, edificando tus lugares altos en toda cabeza de camino, y haciendo tus altares en todas las plazas! (Ezequiel 16.30–31 RVR60)

Mis hermanos, con una mano en el corazón, ¿diría usted que es un creyente constante en las cosas del Señor o uno inconstante? En los versículos de más arriba vemos el mal ejemplo del pueblo de Israel, quienes se desviaban fácilmente de los caminos del Señor. Es el mismo Dios quien dice que la inconstancia era parte de su ser al decir: “¡Cuán inconstante es tu corazón!”.


Como podemos ver, esto no es algo que a Dios le agrade de nosotros; es más, esta es una característica peligrosa, porque por un lado puede llevar a una tergiversación de las escrituras:


Y tened entendido que la paciencia de nuestro Señor es para salvación; como también nuestro amado hermano Pablo, según la sabiduría que le ha sido dada, os ha escrito, casi en todas sus epístolas, hablando en ellas de estas cosas; entre las cuales hay algunas difíciles de entender, las cuales los indoctos e inconstantes tuercen, como también las otras Escrituras, para su propia perdición. Así que vosotros, oh amados, sabiéndolo de antemano, guardaos, no sea que arrastrados por el error de los inicuos, caigáis de vuestra firmeza. (2 Pedro 3.15–17 RVR60)

Y por otro lado a ser desviados de la verdad, por aquellos que Satanás usa para descarriar a las ovejas del rebaño del buen Pastor:


Tienen los ojos llenos de adulterio, no se sacian de pecar, seducen a las almas inconstantes, tienen el corazón habituado a la codicia, y son hijos de maldición. (2 Pedro 2.14 RVR60)

Por eso es que el Señor nos llama a ser de una sola línea, razón por la cual dijo en el sermón del monte:


Antes bien, sea vuestro hablar: “Sí, sí” o “No, no”; y lo que es más de esto, procede del mal. (Mateo 5.37 LBLA)

Entonces, oraremos a diario o esporádicamente; leeremos las escrituras cada día o de vez en cuando; predicaremos solo a veces o cada vez que podamos, etc. Porque recordemos que Dios nos dice que si no somos constantes en nuestra, no recibiremos nada de él:


Pero que pida con fe, sin dudar; porque el que duda es semejante a la ola del mar, impulsada por el viento y echada de una parte a otra. No piense, pues, ese hombre, que recibirá cosa alguna del Señor, siendo hombre de doble ánimo, inestable en todos sus caminos. (Santiago 1.6–8 LBLA)
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