• Alexis Sazo

Sobre aquellos que nos guían



Dentro de las funciones del sacerdocio levítico, estaba la función de ser guías del pueblo de Israel; pues nos dice su Palabra:


Enseñarán a mi pueblo a discernir entre lo sagrado y lo profano, y harán que ellos sepan distinguir entre lo inmundo y lo limpio. (Ezequiel 44.23 LBLA)

También dice:


Pues los labios del sacerdote deben guardar la sabiduría, y los hombres deben buscar la instrucción de su boca, porque él es el mensajero del Señor de los ejércitos. (Malaquías 2.6–7 LBLA)

La mayoría de las veces en las que el pueblo de Israel se alejó de Dios, lo hicieron porque los levitas fallaron en cumplir con la comisión divina de ser guías del pueblo; tenemos el ejemplo en los tiempos del profeta Malaquías donde Dios dice de ellos:


Pero vosotros os habéis desviado del camino, habéis hecho tropezar a muchos en la ley, habéis corrompido el pacto de Leví—dice el Señor de los ejércitos. (Malaquías 2.8 LBLA)

Lamentablemente, en estos días vemos estas misma transgresión entre aquellos que deben guiar al pueblo de Dios. Muchos pastores y ministros llevan a las ovejas lejos de los buenos pastos y los guían a valles de sombra de muerte, donde quedan expuestas a los ataques del maligno. La cristiandad ha desviado sus caminos, porque los que deberían guiarles han desviado los suyos; haciendo que otros tropiecen juntamente con ellos. Mis hermanos vivimos en tiempos muy peligrosos y muchos guías son como se menciona en la carta de Judas:


¡Ay de ellos! porque han seguido el camino de Caín, y se lanzaron por lucro en el error de Balaam, y perecieron en la contradicción de Coré. (Judas 11).

Quizás alguien se pregunte ¿y cómo sé si quienes me guían están en lo correcto? Existe un ejemplo muy digno de seguir y es lo que hicieron unos judíos de una ciudad llamada Berea; ciudad a la que habían llegado el apóstol Pablo junto con Silas. Ellos les predicaron el evangelio y estos judíos antes de creer o aceptar cualquier palabra de ellos hicieron lo siguiente:


Esa misma noche, los creyentes enviaron a Pablo y a Silas a Berea. Cuando llegaron allí, fueron a la sinagoga judía. Los de Berea tenían una mentalidad más abierta que los de Tesalónica y escucharon con entusiasmo el mensaje de Pablo. Día tras día examinaban las Escrituras para ver si Pablo y Silas enseñaban la verdad. Como resultado, muchos judíos creyeron. (Hechos 17.10–12 NTV)

Estos hombres y mujeres examinaban, por así decirlo, con la Biblia en la mano, cada una de las cosas que Pablo y Silas les decían para ver si estaban conforme a las escrituras. De esa forma evitaban ser engañados. Ellos no recibían todo de buenas a primera, sino que lo examinaban con las escrituras. Y es este mismo mandato tenemos todos los creyentes:


Antes bien, examinadlo todo cuidadosamente, retened lo bueno (1 Tes 5.21 LBLA)

Debemos ser muy cuidadosos, especialmente hoy en día donde las mentiras diabólicas parecieran prevalecer sobre la verdad de Dios.


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