• Iris P.

SEAMOS HIJOS OBEDIENTES



Cada vez que reviso las redes sociales cristianas veo casi puros mensajes del inmenso amor de Dios, de sus promesas hermosas e infinitas y de tener valor y confiar en Él con fe durante los momentos difíciles, etc. todas cosas hermosas y muy ciertas, sin embargo, lamentablemente, lo que nunca veo son mensajes de obediencia a Dios.

Dios, a través del profeta Samuel, le mandó a Saúl que destruyera al resto de los amalecitas; el mandato era matar a todos, tanto humanos como animales, pero Saúl no obedeció, sino que le preservó la vida al rey y perdonó la vida de los animales. Samuel le llama la atención por lo que había hecho, pues le dijo:

Pero Samuel respondió: ¿Qué es lo que más le agrada al Señor: tus ofrendas quemadas y sacrificios, o que obedezcas a su voz? ¡Escucha! La obediencia es mejor que el sacrificio, y la sumisión es mejor que ofrecer la grasa de carneros. La rebelión es tan pecaminosa como la hechicería, y la terquedad, tan mala como rendir culto a ídolos. (1 Samuel 15.22-23 NTV)

Hermanos ¿estamos haciendo sacrificios u obedeciendo a Dios en todo? O ¿Acaso somos idólatras a los ojos de Dios? ¿Presentamos nuestros cuerpos en sacrificio vivo para Dios? (Romanos 12.1) ¿Somos realmente discípulos de Dios conforme a lo que él nos manda?

Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame. (Mateo 16.24)

¿Somos obedientes o somos como Saúl quien “adaptó” el mandato de Dios para hacer lo que él quiso?

Hermanos, ¿cómo es nuestro hablar (Efesios 5.19)? ¿Qué vestimos (Romanos 13.14)? ¿Qué miran nuestros ojos y oyen nuestros oídos (Proverbios 4.20, 25-27)? Y ¿qué cosas son para nosotros de gozo (Salmos 1.2)?

Mis hermanos, nuestro Dios nos dice:

La noche está avanzada, y se acerca el día. Desechemos, pues, las obras de las tinieblas, y vistámonos las armas de la luz. Andemos como de día, honestamente; no en glotonerías y borracheras, no en lujurias y lascivias, no en contiendas y envidia, sino vestíos del Señor Jesucristo, y no proveáis para los deseos de la carne. (Romanos 13.12-14)

Es necesario preocuparnos de las cosas de Dios en serio y no solo quedarnos pensando en el amor de Dios, sino que debemos procurar obedecerle en todo, así como hizo el Señor Jesús, quien mientras estuvo en la tierra jamás hizo su propia voluntad, sino que solo hacía la voluntad de su Padre.

Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió. (Juan 6.38 RVR60)

Además, debemos recordar que Dios no solo es amor, también es juez justo (Salmos 7.11), razón por la cual debemos vivir una vida santa para Dios (1 Pedro 1.14-16) andando como sabios ante los ojos de Dios aprovechando bien el tiempo (Efesios 5.15-16). Y por sobre todas las cosas, ser hijos de Dios OBEDIENTES.


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