• Alexis Sazo

Raciocinio versus experiencia



En aquel tiempo, respondiendo Jesús, dijo: Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y de los entendidos, y las revelaste a los niños. (Mateo 11:25 RVR60)


Sentado a la mesa en un restaurante, un palabrero se esforzaba por demostrar científicamente que la Biblia no es más que una colección de leyendas. En una mesa vecina, otro cliente escuchaba a aquel hombre, mientras se comía una naranja. Entonces le dijo:


—Dígame, ¿estaba rica la naranja que me acabo de comer? —¿Y cómo voy a saberlo? Contestó el hombre. —¡Si fue usted quien se la comió, no yo! Pues bien, esto es justamente lo que le reprocho, —dijo el creyente. —Usted habla de cosas que no ha gustado personalmente, ¿cómo puede explicar algo que usted no conoce?


En esta misma línea de pensamiento, podemos decir que uno puede analizar la composición del aire, pero ese conocimiento jamás podrá oxigenar nuestros pulmones, ni nos permitirá mantenernos con vida. Lo mismo podríamos hacer con el agua, pero aquel conocimiento no saciará nuestra sed en un día de calor. El conocimiento intelectual de las verdades de Dios escritas en las escrituras, así como la experiencia de la vida nueva en Cristo Jesús, jamás podrán explicarlas, ni mucho menos hacerle acreedor de la salvación eterna de su alma.


Así como es necesario comerse una naranja para saber si está buena o no, respirar oxígeno para vivir y tomar un vaso de agua para saciar nuestra sed; del mismo modo se debe creer en lo que dice Dios en su Palabra para poder recibir lo que ella da, que es la vida eterna. Porque bien dijo el Señor Jesús:


De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida. (Juan 5:24 RVR60)


Dios nos dio una inteligencia para comprender la verdad divina de que los seres humanos tenemos pecados y estamos necesitados de un salvador, pero ante todo, desea que dicha verdad penetre en nuestras conciencias y corazones. Usted no necesita un análisis científico de la Biblia, usted lo que necesita es fe, porque bien dice su Palabra: «Pero sin fe es imposible agradar a Dios» (Hebreos 11:6 RVR60).


Así como el amor que podamos sentir por otras personas no se explica con palabras ni con la ciencia, sino que sencillamente se experimenta; del mismo modo el amor de Dios debe ser experimentado, no analizado bajo el microscopio. Y todos los que hemos aceptado al Señor Jesús como el Salvador de nuestras vidas lo sabemos.


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