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  • Alexis Sazo

¿Quién Él es para ti?



Te amo, oh Jehová, fortaleza mía. Jehová, roca mía y castillo mío, y mi libertador; Dios mío, fortaleza mía, en él confiaré; mi escudo, y la fuerza de mi salvación, mi alto refugio. (Salmos 18:1–2)


Cuando uno lee el libro de los Salmos, muchas veces David describía a Dios tal como en los versículos del encabezado: Fortaleza, roca, castillo, libertador, escudo, fuerza, salvación, etc. No obstante, ¿alguna vez ha pensado en quién es Dios para usted? Puede que lo primero que venga a su cabeza sea decir que: «es mi Salvador», pero ¿qué más es para usted?


Algunos de los títulos que podríamos pensar acerca de Dios podrían ser: mi Dios, mi Padre, mi Señor, mi ayudador, mi consolador, mi enseñador, mi amigo, mi todo, mi sustentador, mi Rey, mi creador, mi libertador, mi buen pastor, mi redentor, mi esposo, mi roca, mi fuente de vida, mi abogado, etc. Cada uno de los títulos o lo que pensemos de Dios se relacionan directamente en cómo es nuestra relación con Él y qué tan íntimamente le conocemos. Porque en la medida que pasemos tiempo con Él, le podremos ir conociendo más y de esa forma, más facetas de Él podremos descubrir. El deseo de Dios es que nosotros le conozcamos, así lo manifiesta en su Palabra:


Y les daré corazón para que me conozcan que yo soy Jehová; y me serán por pueblo, y yo les seré a ellos por Dios; porque se volverán a mí de todo su corazón. (Jeremías 24:7)


El mundo llama a Dios de maneras despectivas, como por ejemplo: «el de arriba». Y para los «ateos» Dios es aquel ser que desean con todas sus fuerzas que no exista, aunque que saben que sí existe y le conocen. En su Palabra dice: «Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa. Pues habiendo conocido a Dios, [énfasis añadido] no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido. (Romanos 1:20–21). Sin embargo, para nosotros, creyentes en Cristo, Dios debe ser más que nuestro Salvador o nuestro Padre. Lo cierto es que Él debería ser nuestro todo y debería ocupar cada aspecto de nuestras vidas. Al menos eso es lo que Dios desea de nosotros; bien lo decía el apóstol Pablo: «Cristo es el todo, y en todos» (Colosenses 3:11).


Así que le vuelvo a preguntar, amado hermano, amada hermana: ¿Quién es Dios para usted?


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