• Alexis Sazo

¿Qué quiere Dios de sus hijos?



Revisemos algunos pasajes de lo que Dios quiere y espera de sus hijos:


1. Obediencia.


Y Samuel dijo: ¿Se complace Jehová tanto en los holocaustos y víctimas, como en que se obedezca a las palabras de Jehová? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros. Porque como pecado de adivinación es la rebelión, y como ídolos e idolatría la obstinación. (1 Samuel 15.22-23 RVR60)


2. Un corazón humilde.


Porque no quieres sacrificio, que yo lo daría; no quieres holocausto. Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios. (Salmos 51.16-17 RVR60)


3. Misericordia.


Porque misericordia quiero, y no sacrificio, y conocimiento de Dios más que holocaustos. (Oseas 6.6 RVR60)


4. Justicia.


Aborrecí, abominé vuestras solemnidades, y no me complaceré en vuestras asambleas. Y si me ofreciereis vuestros holocaustos y vuestras ofrendas, no los recibiré, ni miraré a las ofrendas de paz de vuestros animales engordados. Quita de mí la multitud de tus cantares, pues no escucharé las salmodias de tus instrumentos. Pero corra el juicio como las aguas, y la justicia como impetuoso arroyo. (Amós 5.21-24 RVR60)


5. Hacer justicia, amor, misericordia y humillarnos ante tu Dios.


¿Con qué me presentaré ante Jehová, y adoraré al Dios Altísimo? ¿Me presentaré ante él con holocaustos, con becerros de un año? ¿Se agradará Jehová de millares de carneros, o de diez mil arroyos de aceite? ¿Daré mi primogénito por mi rebelión, el fruto de mis entrañas por el pecado de mi alma? Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno, y qué pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios. (Miqueas 6.6-8 RVR60)


Todo hijo de Dios debe ser obediente a su Padre. Y si diariamente oramos, leemos y meditamos en su Palabra, y buscamos en ella sus ordenanzas y mandatos para cumplirlos cabalmente; de esta forma podremos tener vidas exitosas en y para Cristo. Pues el deseo de Dios es que le obedezcamos siempre


¡Quién diera que tuviesen tal corazón, que me temiesen y guardasen todos los días todos mis mandamientos, para que a ellos y a sus hijos les fuese bien para siempre! (Deuteronomio 5.29 RVR60)


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