• Alexis Sazo

¿Qué nos espera?



Hay esperanza para tu futuro —dice el Señor— (Jeremías 31.17 NTV)


Si consideramos lo que la gente pensaba hace años sobre la vida en el futuro, nos damos cuenta de lo difícil que es saber lo que nos espera. Por ejemplo, ¿qué hubiera pasado si todo el mundo le hubiese creído al empleado de la oficina de patentes que dijo en 1899: «Todo lo que se puede inventar, ya se ha inventado»? ¿O qué habría pasado si la gente del siglo XIX hubiera creído el siguiente memorándum de Western Union: «El teléfono tiene demasiadas deficiencias como para considerarse seriamente como un medio de comunicación»?


La verdad es que las predicciones del futuro, por lo general, son malas adivinanzas. Por ejemplo, en los 50 's las revistas científicas decían que a finales del siglo 20 todos andarían volando en autos espaciales y viviendo en casas con cúpulas. Y qué decir de las predicciones de que el mundo se acabaría el año 2000 las predicciones del calendario maya de 2012. Como podemos ver, el ser humano no puede conocer el futuro, pues carecemos de la capacidad de ver lo que ocurrirá a ciencia cierta en el futuro.


Sin embargo, existe un libro –la Biblia– que contiene lo que nos espera en el futuro y jamás se equivoca. La Biblia tiene palabras consoladoras para los que creemos que Jesús murió y resucitó (1 Tesalonicenses 4:14). El apóstol Pablo, usó estas palabras como consuelo para aquellos a quienes les escribió. En aquel mismo capítulo de Tesalonicenses dijo:


Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor. (1 Tesalonicenses 4.16–17 RVR60)


Y al final de esto agregó: «Por tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras» (1 Tesalonicenses 4.18 RVR60). ¡Qué maravillosa esperanza podemos gozar todos aquellos que hemos depositado nuestra fe en el Señor Jesús! Porque no importa si un día partimos de este mundo, tenemos la confianza de que un día veremos al Señor cara a cara, con un cuerpo transformado a semejanza al de Él, y subiremos hasta las nubes para encontrarnos con aquel que nos ama con amor eterno.


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