• Iris P.

PORQUE NOSOTROS SOMOS COLABORADORES DE DIOS (1 Co. 3.9)



Una mañana, mucho antes que el carpintero llegara al taller, las herramientas decidieron tener una conferencia para considerar algunos problemas que se estaban presentando en el trabajo. El primero que ocupó el banquillo de los acusados fue el hermano martillo. La junta le informó que tenía que renunciar, porque hacía demasiado ruido en su trabajo. Pero - se defendió -, si tengo que salir del taller del carpintero, también tiene que salir el hermano barreno, porque es muy insignificante y causa muy poca impresión.


El pequeño barreno se puso de pie y dijo: Está bien, pero también tiene que irse el hermano tornillo, a él hay que darle vuelta y vuelta y no llega a ninguna parte. El hermano tornillo dijo entonces: Si ustedes así lo quieren me iré, pero el hermano cepillo también tiene que irse; su trabajo es superficial y no hace nada de profundidad. A esto el hermano cepillo replicó: Si yo me retiro, bueno, también tendrá que retirarse la hermana regla, siempre está midiendo a los demás como si fuera la única que está en lo correcto. La hermana regla se quejó de la hermana lija y dijo: No me importa que sea más áspera de lo que debe ser, pero siempre está tratando de un modo poco amable a la gente.


En medio de la discusión, entró el carpintero de nazaret antes de lo esperado. Había ido a trabajar como todos los días. Se puso el delantal y se acercó al banco para hacer un púlpito. Usó el tornillo, el barrenos, la lija, el serrucho, el martillo, el cepillo y todas las otras herramientas. Terminadas las labores del día, finalizó el púlpito.


Entonces, se levantó el hermano serrucho y dijo: Hermanos, ¡me he dado cuenta que todos somos colaboradores de Dios y todos somos útiles en sus manos!


¿Habrá entre sus conocidos alguien que no cumple con sus deberes en la forma que pensamos deberían hacerse? Sería bueno que pensáramos dos veces antes de criticar o hallar falta en alguno de los instrumentos que Dios usa para el progreso de su obra aquí en la tierra.


Si un juicio egoísta contra uno se los instrumentos de Dios hace que este sea removido de su trabajo ¿Quién será el culpable de la dilación de la obra de Dios?


(Extraído de la revista Sana doctrina nº 207 sept. - oct. 1993)

Así que, si alguno se limpia de estas cosas, será instrumento para honra, santificado, útil al Señor, y dispuesto para toda buena obra. (2 Timoteo 2.21 RVR60)
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