• Alexis Sazo

¿Por qué se fue?



Y estando ellos con los ojos puestos en el cielo, entre tanto que él se iba, he aquí se pusieron junto a ellos dos varones con vestiduras blancas, los cuales también les dijeron: Varones galileos, ¿por qué estáis mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo. (Hechos 1:10–11)


Un hermano, una vez contó su experiencia de niño, diciendo: «Cuando era un muchacho me encantaba la historia de Jesús ascendiendo a los cielos. Lo veía elevándose lentamente por encima de la tierra con las manos extendidas en señal de bendición. Recuerdo preguntarme porqué se fue visiblemente en vez de desaparecer instantáneamente como lo había hecho otras veces luego de resucitar. Además me preguntaba dónde estaba localizado el cielo y qué estaba haciendo Jesús en ese momento».


Cuando miramos en la Biblia las razones por las cuales el Señor ascendió a los cielos, podemos encontrar que: Él ascendió porque pagó el precio de nuestro rescate en la cruz, muriendo por nosotros en ella (Romanos 5:8). Ascendió porque derrotó a Satanás (Hebreos 2:14) y acabó con el poder de la muerte (Apocalipsis 1:18).


Si seguimos preguntándonos: ¿para qué ascendió? Podemos decir que lo hizo para darle dones a los hombres (Efesios 4:8), para enviar al Espíritu Santo (Juan 16:7); para ser nuestro intercesor en los cielos (Romanos 8:34), así como nuestro abogado (1 Juan 2:1); y para tomar su lugar como cabeza de la iglesia (Efesios 1:20–23).


Alguien podría preguntarse: ¿dónde está el cielo? Podemos imaginarlo como un lugar muy alejado, inaccesible para nosotros como mortales. Pero lo cierto es que aunque esté lejos, podemos tener la plena certeza de que el Señor Jesús está allí, y si hemos creído en Él como nuestro salvador, un día estaremos allí con Él; esto llena mi corazón de gratitud y alabanza, porque ¡qué maravilloso que tengamos un salvador que ascendió a los cielos! Pero más maravilloso aun es que Él se fue para ir a prepararnos un lugar en la casa de su Padre para luego venir a buscarnos para llevarnos a su santo reino, en donde estaremos con Él para siempre (Juan 14:2–3).


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