• Alexis Sazo

¿Por qué creer en Dios?



Yo deshice como una nube tus rebeliones, y como niebla tus pecados; vuélvete a mí, porque yo te redimí. (Isaías 44:22)


Hoy en día, muchos piensan que la ciencia ha demostrado que Dios no existe. Olvidan —o no saben— que es absolutamente imposible demostrar que Dios no existe. La Palabra de Dios es clara al decir: «Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa» (Romanos 1:20). Los seres humanos tratan de «tapar el sol con un dedo», cuando la presencia de Dios es patente en todo lo que nos rodea. Sabemos que todos los que se niegan a creer en Dios, Él los llama necios (Salmos 14:1); no obstante, esto no los exime delante de Dios.


Lo que las personas denominadas ateas no entienden, es que la fe en Dios es buena, pues le otorga el verdadero sentido a la vida; y le concede al ser humano su dignidad. Asimismo, explica nuestros orígenes; el porqué de nuestro entorno; los límites impuestos por Dios; la razón de nuestro existir, etc. Aunque también es cierto que la fe en Dios nos puede exponer a ser despreciados, incomprendidos, encarcelados e incluso hasta martirizados y muertos. Por esta razón es que su Palabra dice:


Pero los cobardes [énfasis añadido] e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda. (Apocalipsis 21:8)


Creer en Dios no es para cobardes. Si bien tendremos aflicción mientras estemos en el mundo (Juan 16:33), nuestro Señor está con nosotros, y nos ha prometido que un día regresará por nosotros para llevarnos al lugar donde Él está (Juan 14:3), librándonos de la condenación eterna de nuestras almas (Juan 3:18), al habernos limpiado de nuestros pecados. Además, sin importar lo que vivamos mientras estemos en la tierra, el Señor nos promete que todo aquello quedará atrás y toda lágrima será enjugada (Apocalipsis 7:17; 21:4); asimismo, nos promete la vida eterna (Juan 5:24) en su reino celestial.


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