• Alexis Sazo

Por amor o por dinero



Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma? (Mateo 16:26)

El poeta irlandés Oscar Wilde dijo: «Cuando era joven, pensaba que el dinero era lo más importante en la vida. Ahora que soy viejo, sé que es así». Fue un comentario irónico porque solo vivió 46 años, por lo que nunca fue realmente «viejo». Wilde entendía perfectamente que la vida no se trata de dinero.


El dinero es temporal; va y viene. Por eso, la vida debe ser más que eso y lo que podemos comprar. Bien lo dicen las escrituras: «No te afanes por hacerte rico; sé prudente, y desiste. ¿Has de poner tus ojos en las riquezas, siendo ningunas? Porque se harán alas como alas de águila, y volarán al cielo» (Proverbios 23:4–5).


El Señor Jesús, ciertamente rompió los esquemas de su tiempo, lo que afectaba tanto a ricos como a pobres, llevándoles a redefinir su sistema de valores. Por ejemplo, en Lucas 12:15, dijo: «Mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee». En la cultura occidental, donde el foco se centra permanentemente en más, mejor y más nuevo, es necesario decir algo sobre el contentamiento y la perspectiva sobre el dinero y las posesiones. Pero Dios nos dice:


Porque nada hemos traído a este mundo, y sin duda nada podremos sacar. (1 Timoteo 6:7)


Algunas personas ricas tuvieron una respuesta positiva al encontrarse con el Señor, por ejemplo, aquel joven rico se fue triste porque tenía muchos bienes y no quería dejarlos (VER Lucas 18:18-25). Sin embargo, Zaqueo, el recaudador de impuestos, dio gran parte de aquello que había pasado su vida adquiriendo (Lucas 19:8). La diferencia está en tener el corazón de Cristo.


En su gracia, podemos alcanzar una perspectiva saludable respecto a lo que poseemos, para que no termine poseyéndonos. Porque no hay pecado en tener riquezas, pero el problema se genera cuando el dinero ocupa el señorío en nuestro corazón, ya que entonces dejaremos de lado a Dios.


Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas. (Mateo 6:24)


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