• Alexis Sazo

Ponerse en el lugar del otro




Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. (Hebreos 4.15 RVR60)


Todos sabemos que nuestro Señor Jesús vino al mundo y caminó entre nosotros como un hombre, pero ¿por qué lo hizo? Todo lo hizo por amor, ya que Él decidió ponerse en nuestro lugar para experimentar en carne propia qué sentíamos nosotros, sus criaturas. Su amor no se limitó a ello, sino que dio su vida por nosotros, para que nosotros no fuéramos a la condenación eterna por causa del pecado. En su Palabra encontramos mandato de imitarle, tal como hacía Pablo: Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo. (1 Corintios 11.1 RVR60)


Entonces, si debemos imitar a Cristo, debemos también ponernos en el lugar de los otros. Es por eso que Dios nos dice:


Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo. Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen. (Mateo 5.43-44 RVR60)


Cuando somos egoístas, nunca nos ponemos en el lugar de los demás porque en nosotros no hay un verdadero amor como el que hubo en el Señor. Por eso Él nos dijo:


Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame. (Lucas 9.23 RVR60)


Cuando leemos en 1 Corintios 13 acerca del amor, encontramos que dice que no busca lo suyo (V5), es decir no anda pensando en sí mismo, sino en otros.


Hermanos, los hijos de Dios no debemos ser egoístas, ni mucho menos egocéntricos, pues el mandato de nuestro Señor es que cada día nos neguemos a nosotros mismos. Así que hermanos, pensemos en los demás antes que en nosotros mismos para servirles. Porque si somos tercos y procuramos seguir nuestro camino sin negarnos, el mismo Señor Jesús nos exhorta diciendo:


Y el que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de mí. (Mateo 10.38 RVR60)


Hermanos, ¿queremos ser indignos para Dios? Creo que ninguno desea tal cosa. Por lo tanto, obedezcamos sus mandatos día a día para ser buenos imitadores del Señor Jesús, es decir, hijos obedientes.


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