• Alexis Sazo

Perdónanos nuestros pecados (6)



Y perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todos los que nos deben. (Lucas 11:4 RVR60)


Esta petición no se refiere al perdón judicial por el pecado (este perdón se obtiene por la fe en el Hijo de Dios). El mensaje esencial del Evangelio es que Jesús pagó la deuda de nuestras ofensas. Y en este caso no necesitamos suplicar para obtener el perdón eterno de nuestros pecados, sino que es el perdón por nuestras faltas diarias.


Se podría decir que a lo que se refiere el Señor aquí es del perdón paterno, necesario si queremos mantener la comunión con nuestro Padre celestial. Porque, si los creyentes no están dispuestos a perdonar a los que los ofenden, ¿cómo pueden esperar tener comunión con su Padre, que les ha perdonado libremente sus ofensas? (Leer Mateo 18:23–35).


Al ser los beneficiarios del perdón de Dios, está claro que debemos perdonar a aquellos que nos ofendieron, tal como dijo el Señor: «Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas» (Mateo 6:14–15 RVR60). Pero ¿cómo hacerlo? Ya que no podemos reconciliarnos sin tratar el problema de fondo. Entonces, ¿qué hacer? El Señor Jesús dijo:


Por tanto, si tu hermano peca contra ti, ve y repréndele estando tú y él solos; si te oyere, has ganado a tu hermano. Mas si no te oyere, toma aún contigo a uno o dos, para que en boca de dos o tres testigos conste toda palabra. Si no los oyere a ellos, dilo a la iglesia; y si no oyere a la iglesia, tenle por gentil y publicano. (Mateo 18:15–18 RVR60)


Y también dijo: «Mirad por vosotros mismos. Si tu hermano pecare contra ti, repréndele; y si se arrepintiere, perdónale. Y si siete veces al día pecare contra ti, y siete veces al día volviere a ti, diciendo: Me arrepiento; perdónale» (Lucas 17:3–4 RVR60). Así que, dirijámonos a los que nos ofendieron, en humildad, dispuestos a reconocer también nuestros propios agravios, dispuestos a perdonar, porque nosotros hemos sido perdonados más abundantemente por Dios.


Claro, dar este paso no es fácil, pero es el camino que nos enseña la Biblia para tratar de volver a tener paz con nuestros familiares, con nuestros hermanos en la fe y con los que nos rodean. Porque bien dicen las escrituras:


Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres. (Romanos 12:18 RVR60)


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