• Alexis Sazo

Para mí el vivir es Cristo



(El apóstol Pablo dijo:) Las cosas que me han sucedido, han redundado más bien para el progreso del evangelio… Sé que… será magnificado Cristo en mi cuerpo, o por vida o por muerte. Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia. (Filipenses 1:12, 19-21)

Es importante mencionar que el que declaró esto no era millonario, tampoco vivía en un palacio, ni estaba colmado de los placeres de esta vida, ni siquiera estaba rodeado por el amor de los suyos. En el momento que escribe estas palabras, el apóstol Pablo se hallaba preso en Roma debido al testimonio de Cristo, es decir, que por predicar a Cristo se hallaba preso. Entonces, ¿cuál era el secreto de su felicidad y su fuerza interior para pronunciar tales palabras?

Ciertamente no era debido a una religión ni un conjunto de reglas morales, sino a una persona a quien amaba, esto es Jesús. ¡Este era su recurso interior en medio de sus sufrimientos! A los ojos de sus contemporáneos su vida podría parecer un fracaso. Pero esto no le importaba, pues había encontrado en Jesucristo la respuesta a todas las necesidades de su corazón.

Esta experiencia no está reservada a una élite, sino que se halla al alcance de todo creyente que se encuentre en una situación difícil. A lo largo de la historia, incontables cristianos han tenido que padecer por el nombre de su salvador, y todos ellos pudieron experimentar en carne propia lo que el apóstol hablaba, porque el mismo que fortalecía a Pablo, les fortaleció a ellos. Junto a Cristo podemos pasar por las diferentes circunstancias de la vida, felices o difíciles, tratando de agradar a Dios Padre el cual Jesucristo nos reveló.

El apóstol Pablo nos invita a vivir una vida en la que Cristo sea el centro, la fuente, la fuerza, el modelo y el objetivo de nuestras vidas y de nuestras relaciones diarias con nuestros familiares, amigos, vecinos, compañeros de estudio, de trabajo, etc. Pero especialmente cuando nos hallamos en momentos de estrés, tentación, problemas familiares, de salud, en medio de un duelo por la pérdida de un ser querido, etc.

Gozar así de la presencia de Jesús es una experiencia que se vive en la tierra. En el cielo la vida terrenal ya no existirá. En medio de las circunstancias favorables o adversas, tenemos la oportunidad de hacer brillar la grandeza moral de Cristo, reproduciendo en una pequeña medida algunos de sus atributos.


Amados, no os sorprendáis del fuego de prueba que os ha sobrevenido, como si alguna cosa extraña os aconteciese, sino gozaos por cuanto sois participantes de los padecimientos de Cristo, para que también en la revelación de su gloria os gocéis con gran alegría. (1 Pedro 4:12–13)


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