• Alexis Sazo

¿Nuestros miedos nos superan?



Te acercaste el día que te invoqué; dijiste: No temas. Abogaste, Señor, la causa de mi alma; redimiste mi vida. (Lamentaciones 3:57–58)


El temor puede ser un amigo o un enemigo. Un miedo saludable, nos impide cruzar una calle llena de vehículos o tratar de hacer ciertas cosas que son peligrosas. Mientras que por otra parte, la ansiedad puede esclavizarnos, paralizarnos y aun enfermarnos. Existen miedos que se manifiestan a lo largo de toda nuestra existencia, desde los miedos de los niños hasta los de los ancianos.


El primer temor que surgió en la vida de nuestros primeros padres fue el temor a Dios, debido a la primera desobediencia. Aunque a lo largo de su existencia, el ser humano ha tratado de borrar esta culpabilidad, ya sea negándola o reprimiéndola, no obstante lo que la Biblia nos dice es claro:


Aunque te laves con lejía, y amontones jabón sobre ti, la mancha de tu pecado permanecerá aún delante de mí, dijo Jehová el Señor. (Jeremías 2:22)


Sin embargo, lo hermoso del amor de Dios es que nos invita a acercarnos a Él, por medio de la fe, para confesar honestamente nuestras faltas. Entonces Dios nos asegura su perdón y nos quita nuestra culpabilidad, pues su perfecto amor echa fuera el temor (1 Juan 4:18).


Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar. (Isaías 55:7)


Pero volviendo al tema del temor, el miedo a los demás también es frecuente; el miedo a los desconocidos, a la mirada de los demás, a su juicio o rechazo. Ese temor nos puede conducir al fingimiento y a veces a la violencia. Pero cuando confiamos en Dios aprendemos a vencer esos temores, porque nuestro valor no se basa en lo que los demás piensan acerca de nosotros, sino en el hecho de que Dios nos ama.


También podemos tener miedo del porvenir en este mundo tan incierto. Pero en lugar de dejarnos ahogar por estos temores, confiemos en el Señor cada día. Y nunca olvidemos que suceda lo que suceda, Dios nos ama, y si somos sus hijos, Él además tiene especial cuidado de nosotros.


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