• Alexis Sazo

No tratemos de minimizar el pecado



Como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron. (Romanos 5:12)


«¿El pecado? ¡No me hable de eso, está totalmente pasado de moda!» Esto fue lo que una mujer le dijo a un hermano encargado de las clases bíblicas para los niños. «¡No quiero que mi hijo oiga esa palabra!» —agregó la mujer. Este tipo de reacción no es raro, pues muchas personas no quieren hablar más del pecado. Esa palabra les producen diferentes emociones a las personas. A muchos les produce miedo, y por esa causa prefieren decir «falta o error», en vez de pecado, con el fin de tratar de atenuar el sentido o acallar sus consciencias. Así, al hablar, lo hacen de una «debilidad», con la intensión de designar una falta benigna o una mala costumbre. Un pecado «venial» sería un pequeño error. Sin embargo, la Biblia no pasa a la ligera el pecado, sino que declara que:


El pecado entró en el mundo a través de la primera pareja de seres humanos (Romanos 5:12), y este pasó a todos nosotros.


Todos los seres humanos somos pecadores (Romanos 3:23), exceptuando al Señor Jesús, quien nunca cometió pecado ni fue hallado engaño en su boca (1 Pedro 2:22).


El pecado tiene como consecuencias, tales como la muerte espiritual y la separación del Dios santo, así como la muerte física (Romanos 6:23; Génesis 2:17).


El pecado es un mal incurable para el ser humano si es que no se echa mano «de la cura» ofrecida por la muerte expiatoria de Jesucristo (Hechos 4:12)


Dios es tres veces santo y no puede soportar el mal. Por esta razón es que su Hijo Jesucristo aceptó sufrir el juicio en lugar de los que creen en Él, y, por tanto, ya no hay más condenación para ellos (Romanos 8:1).


Así que, no tratemos de minimizar nuestros pecados, ni tampoco los disimulemos. Confesémoslos a Dios y aceptemos su perdón gratuito.


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