• Alexis Sazo

No temeré



Aunque un ejército acampe contra mí, no temerá mi corazón; aunque contra mí se levante guerra, yo estaré confiado. (Salmos 27.3 RVR60)


Cuando el rey Ezequías vio que el rey de Asiria tenía la intención de capturar Jerusalén, de inmediato tomó acción para defender la ciudad. Pero cuando hubo hecho todo lo humanamente posible, se dio cuenta de que no sería suficiente. Así que convocó al pueblo y lo tranquilizó ante su desesperada situación diciendo:


Esforzaos y animaos; no temáis, ni tengáis miedo del rey de Asiria, ni de toda la multitud que con él viene; porque más hay con nosotros que con él. (2 Crónicas 32.7 RVR60)


¿Cómo pudo haber dicho algo como eso en medio de aquella situación? Lo cierto es que él mismo dio la respuesta a esta pregunta. Dijo lo siguiente:


Con él [Senaquerib, rey de Asiria] está el brazo de carne, mas con nosotros está Jehová nuestro Dios para ayudarnos y pelear nuestras batallas. Y el pueblo tuvo confianza en las palabras de Ezequías rey de Judá. (2 Crónicas 32.8 RVR60)


Desde un punto de vista humano, el rey Senaquerib tenía el poder militar, los soldados suficientes y una reputación que le antecedía, en palabras del mismo rey Ezequías, tenía un «brazo de carne». No obstante, los habitantes de Judá –específicamente Jerusalén– tenían algo muchísimo mejor, ¡tenían a Dios!


Quizás usted, mi amado hermano, se encuentra en una situación en la que está acorralado por el enemigo, en todas las direcciones de su vida. ¿Parecen irremediables las cosas en su vida? Recuerde que usted no está solo, no olvide que tiene ayuda, ¡Dios está a su lado! Y es más, ¡Él está de su parte! ¿Qué le dijo el apóstol Pablo a los Romanos?


¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros? (Romanos 8.31 RVR60)


Así que, mis amados hermanos, cuando enfrentemos estas «pruebas insuperables» o cuando nos veamos rodeados y superados en número, miremos arriba, tal como decía el autor del salmo 121: «Alzaré mis ojos a los montes; ¿de dónde vendrá mi socorro? Mi socorro viene de Jehová, que hizo los cielos y la tierra» (Salmos 121.1–2 RVR60). Y como David digamos:


No temeré a diez millares de gente, que pusieren sitio contra mí. (Salmos 3.6 RVR60)


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