• Alexis Sazo

No puede impedírselo



Jehová se manifestó a mí hace ya mucho tiempo, diciendo: Con amor eterno te he amado; por tanto, te prolongué mi misericordia. (Jeremías 31:3)


Usted no puede alejar a Dios de su vida, por más que lo desee (Job 9:12), así como tampoco puede impedirle que lo ame. Aunque es cierto que usted puede rehusar la salvación gratuita que Dios le ofrece por medio de Jesucristo, su Hijo. Relegar el mensaje de salvación al nivel de fábulas antiguas no impedirá que Él le ame.


Más aun, usted puede convencerse de que Dios no existe, que no es más que un «cuento» para los crédulos o los débiles mentales. También puede creer que el más allá no existe, y que, por consiguiente, nunca tendrá que hacer cuentas con Dios. Puede autoconvencerse de que el ser humano –así como todo el universo– son fruto de la casualidad; pero todo esto no impedirá que Dios lo ame.


Usted podría ser el peor criminal de la historia, destronando a aquellos que nos cuenta la historia, sin embargo, su mala conducta y sus actos perversos tampoco le impedirán que Dios lo ame, lo busque y le ofrezca salvación para su alma.


Lo cierto es que el amor de Dios no puede comprenderse mediante el razonamiento humano. Bien dicen las escrituras: « y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento» (Efesios 3:19). Por esta razón es necesario experimentarlo. Y a esto le invita Dios, aún hoy, aunque usted persista en rechazarlo. Una persona que insiste en rechazar el amor de Dios es como un mendigo que posee un gran tesoro y no lo sabe, razón por la cual vive en la miseria.


Dios dio la prueba más grande de amor existente, entregar a su propio Hijo a morir en una cruz con el fin de salvarnos de una eternidad de condenación a consecuencia de nuestros pecados. Si usted aún no lo ha hecho, me refiero a que aún no responde al amor de Dios, hágalo hoy, acepte el perdón que Dios le ofrece gratuitamente, con solo depositar su fe en el Señor Jesucristo. Dios le ama con amor eterno y usted no puede impedírselo

.

En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados. (1 Juan 4:9–10)


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