• Iris P.

¡NO ERREMOS EL CAMINO!



No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros? ¿o no saben que su cuerpo es templo del Espíritu Santo, que está en ustedes, el cual tienen de Dios, y que ustedes no se pertenecen a ustedes mismos? (1 Corintios 3.16; 6.19 RVR60)

¿Cómo estamos alimentando el templo del Espíritu Santo? No hablo de la comida física, sino de la comida espiritual. Sabiendo que estamos viviendo los días finales, donde proféticamente anuncia que la iglesia se enfriará y se alejará del amor de Dios (Mateo 24.12).

¿Hermanos, cuál es nuestro primer alimento del día? Lo común es que después de la ducha matinal, viene un buen desayuno para estar bien fortificados y así poder desarrollar bien nuestras labores, ya sea en la oficina, colegio, universidad, e incluso el trabajo de casa. Pero ¿y qué pasa con nuestro alimento espiritual? ¿Cuándo dejamos tiempo para leer y meditar en las escrituras? Y para orar ¿reservamos tiempo de nuestro día? Porque recordemos que su Palabra nos dice:

Orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos. (Efesios 6.18 RVR60)

Oiga, el diablo sabe que usted se está poniendo famélico porque descuida la principal comida espiritual; cuando no nos alimentamos en la mañana, es como si saliéramos de casa sin desayuno y basta un solo soplido de él para que caigamos. Peor aun es cuando nos alimentamos de “algarrobas espirituales”, es decir, de la comida que ofrece el mundo y que no nos alimenta verdaderamente. Mientras que Dios siempre nos proveerá del alimento necesario para nuestros espíritus, pues bien dice su Palabra:

Él nos hace recordar sus maravillosas obras. ¡Cuánta gracia y misericordia tiene nuestro Señor! Da alimento a los que le temen; siempre recuerda su pacto. (Salmos 111.4–5 NTV)

Hermanos, demos prioridad a lo espiritual y no a lo carnal-terrenal; no seamos como los gálatas, porque bien les dijo Pablo:


¿Tan necios sois? ¿Habiendo comenzado por el Espíritu, ahora vais a acabar por la carne? (Gálatas 3.3–4 RVR60)

Así que, procuremos mantener alimentado a nuestro nuevo hombre y matemos de hambre al viejo, para así tener vidas más plenas en Cristo Jesús.


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