• Iris P.

NADA ES ETERNO ACÁ, SINO SOLO DIOS



Voz que decía: da voces, Y respondí: ¿Qué tengo que decir a voces? Que toda carne es hierba, y toda su gloria como flor del campo. (Isaías 40.6)

Así somos los seres humanos, tan frágiles como la hierba, sin embargo, hay tanta arrogancia en nosotros, no estimamos al Dios de todo poder. A tanto llega nuestra arrogancia que hacemos acepción de personas, porque, por ejemplo, el que tiene mejor estatus de vida menosprecia al pobre; el jefe se cree mejor persona que el que está a su cargo; el que tiene un título profesional, hace alarde de ello y mira de los hombros hacia abajo a quienes no poseen estudios superiores a todos anuncia que debe ser respetado, etc. Los seres humanos tendemos a sentirnos que somos superiores a otros. 


Pero el único que es digno, es decir, el Dios Altísimo, nos anuncia que somos frágiles como la hierba que un día está verde y al día siguiente se muere y, por lo tanto, no nos podemos jactar de nada. 


La hierba se seca, y la flor se marchita, porque el viento de Jehová sopló en ella; ciertamente como hierba es el pueblo. (Isaías 40.7)

¡Da voces dice el Altísimo! Anuncia y no calles, porque es necesario que el ser humano se humille mirando hacia arriba, pues sobre él hay uno más alto. 


Si la opresión de pobres y perversión de derecho y de justicia vieres en la provincia, no te maravilles de ello; porque sobre el alto vigila otro más alto, y uno más alto está sobre ellos. (Eclesiastés 5.8). 

Dios considera al de humilde corazón, y menosprecia a los altivos de ojos. (Proverbios 6.16). Y por eso no debemos olvidar que somos solo polvo que pasa. 


Las gentes del mundo viven como si jamás los fuera a alcanzar la muerte, pero todos pasaremos por ella, tanto el rico como el pobre. De lo que debiéramos preocuparnos es dónde pasaremos la eternidad, pues la eternidad nunca acaba, mientras que acá en este mundo todo tiene una fecha de término. Aquel que no esté listo, se verá enfrentado a pasar esa eternidad en condenación. Por eso es que el Señor Jesús dijo: 


De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida. De cierto, de cierto os digo: Viene la hora, y ahora es, cuando los muertos oirán la voz del Hijo de Dios; y los que la oyeren vivirán. porque vendrá hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz; y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación. (Juan 5.24-25, 28-29)

Mientras estemos en el cuerpo hay esperanza, pero después de salir del cuerpo (al morir), nada se puede hacer, así que pongamos oído a lo que Dios nos dice y abramos la puerta de nuestro corazón a su llamado, porque mañana podría ser muy tarde. 



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