• Alexis Sazo

Mirar por los demás



Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros. (Filipenses 2.3–4 RVR60)


«La nuestra es una era egoísta» —dijo George Sweeting (antiguo presidente del Instituto Bíblico Moody) a los graduados de la Universidad de Taylor—. Para ilustrar su argumento contó la historia de un agricultor soltero que deseaba una esposa. El hombre puso el siguiente anuncio en un periódico: «Hombre de 35 años desea casarse con una mujer de 25 años que tenga un tractor. Enviar foto del tractor».


Lo cierto es que cada ser humano padece de lo mismo, de aquel pecado llamado egoísmo. Por esta razón, Dios nos dice a los creyentes, a través del apóstol Pablo, que no s olo miráramos por nuestros intereses, sino también por los intereses de los demás. De ahí que el mismo apóstol le diga a los gálatas:


Ayúdense a llevar los unos las cargas de los otros, y obedezcan de esa manera la ley de Cristo. Si te crees demasiado importante para ayudar a alguien, sólo te engañas a ti mismo. No eres tan importante. (Gálatas 6.2–3 NTV)


Preocuparnos por otros, especialmente por nuestros hermanos en la fe, es la manifestación del amor que Dios nos dejó como mandamiento, tal como Él lo manifestó cuando un fariseo le preguntó: Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento en la ley? Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas. (Mateo 22.36–40 RVR60)

El ejemplo máximo sobre lo que significa amar al prójimo y ver por los intereses de los demás, es nuestro Señor Jesús. Porque aunque es Dios, se humilló al hacerse hombre y al hacerse obediente hasta la muerte de cruz (Filipenses 2.6–8). Cuando hizo esto, tenía en mente los intereses suyos y míos.


Puede que no sepa cómo hacer esto, bueno, sencillamente pidámosle a Dios que nos muestre cómo mirar por los intereses de otros. Quizás sea a través de la oración, de visitar a un enfermo, de llevarle una palabra de aliento al desanimado, quizás ayudando económicamente a alguien que lo necesita, etc. Él nos puede mostrar cómo hacerlo, pero debemos estar dispuestos a dejar el egoísmo para poder imitar el ejemplo del Señor Jesús.


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