• Alexis Sazo

Ministerio del sufrimiento



Ahora me gozo en lo que padezco por vosotros, y cumplo en mi carne lo que falta de las aflicciones de Cristo por su cuerpo, que es la iglesia. (Colosenses 1:24)


En esta era de autoindulgencia, muchos creen que la gente de fe no debería sufrir, es más, muchos enseñan que si una persona cree en Cristo todos sus problemas desaparecerán, pero nada más alejado de la realidad. El mismo Señor dijo: «Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo» (Juan 16:33). Mientras que el apóstol Pablo le dijo a Timoteo: «Y también todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán persecución» (2 Timoteo 3:12).


El escritor George MacDonald, dijo: «el Hijo de Dios sufrió hasta la muerte, no para que los hombres no sufrieran, sino para que sus sufrimientos fueran como los de Él». En el versículo del encabezado, el apóstol Pablo dijo que sus propios sufrimientos completaban «lo que falta de las aflicciones de Cristo». Al decir esto no se refirió a que la muerte del Señor Jesús haya sido incompleta o inadecuada para salvarnos, no, lo que estaba diciendo es que el sufrimiento por causa del testimonio de Jesús formaba parte de lo que significa seguirlo, en otras palabras, el costo de ser un discípulo de Jesús. Porque cuando vivimos para Cristo y proclamamos su sacrificio a un mundo perdido, experimentamos sufrimiento.


Como humanos, cuando sufrimos, tendemos a compadecernos de nosotros mismos, en esto el apóstol Pablo fue un buen ejemplo para nosotros, porque en lugar de hacer esto, sufrió con gozo por Cristo y su pueblo, no porque fuese una especie de masoquista, sino como él mismo dijo: «Por lo cual, por amor a Cristo me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte» (2 Corintios 12:10). Nuestro hermano sabía que el dolor y el sufrimiento no eran un precio demasiado alto comparado con el privilegio de ser utilizado por Dios para ser una bendición a los demás.


Así que, hermanos, la próxima vez que estemos pasando aflicciones en nuestras vidas, no nos sintamos mal ni caigamos en la conmiseración, sino que gocémonos como los apóstoles, quienes «salieron de la presencia del concilio, gozosos de haber sido tenidos por dignos de padecer afrenta por causa del Nombre» (Hechos 5:41).


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