• Alexis Sazo

Episodio #51: Mentiras y deformaciones satánicas de hoy en día

Actualizado: 23 de sep de 2020



Nota: Esta es la transcripción de un episodio del podcast Edificados en Cristo. Para escuchar el episodio del podcast hacer click aquí.


¡Sean todos muy bienvenidos a un nuevo episodio más en su podcast, Edificados en Cristo! Mi nombre es Alexis. Y el día de hoy les traigo un episodio titulado: Mentiras y deformaciones satánicas de hoy en día. Pero antes, demos paso a la intro y los veo en seguida.


Creo que para ningún creyente es un misterio, que el mundo en el que estamos viviendo hoy en día, busca influenciar a los varones para que se feminicen y a las mujeres para que se masculinicen. Y esto ya no se hace únicamente con los adultos, sino que desde las entidades mundiales, tales como la ONU, se busca extender esta influencia a los niños; para que de ser posible, sean extraviados desde la cuna.


Igualmente, si miramos a un pasado no tan lejano, nos daremos cuenta que el diablo comenzó hace décadas a convencer a la gente con eso de que los hombres tenían un lado femenino, luego con que estaba bien explorarlo, después siguió con que era muy deseable para una mujer que un hombre estuviera en contacto con sus sentimientos y que los expresara sin vergüenza alguna, etc. Mientras que con las mujeres, comenzó diciéndoles que eran iguales a los hombres, luego que las mujeres podían hacer las mismas cosas que los hombres, pues tenían los mismos derechos, para después decirles que tenían que dejar sus emociones de lado, así como a sus hijos para poder perseguir sus metas y logros personales, etc.


La meta del maligno siempre ha sido querer destruir la creación de Dios y corromperla a tal punto de que sea irreconocible. Por ejemplo, él busca unir lo que Dios creó separado y busca separar lo que Dios unió. Como decía anteriormente, lleva décadas trabajando sobre la base de que hombres y mujeres deben ser iguales en todo y que ser diferentes es malo; pero mis hermanos, no somos iguales, somos diferentes, porque Dios nos hizo así. Y estas diferencias van desde lo genético hasta nuestra manera de comportarnos. Además, no tenemos porqué buscar ser iguales; pues si Dios nos creó diferentes, debemos tener siempre la plena certeza de que todo lo que él hizo es bueno. Bien dicen las escrituras:


Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera. (Génesis 1.31)

Y asimismo, como creyentes, debemos recordar que el maligno es padre de mentira, pues él nunca habla con verdad (Juan 8.44) y que el sistema mundano está bajo su dominio e influencia (1 Juan 5.19). Y como ya dije, el diablo busca implantar la idea en la mente del ser humano de que ser diferentes está mal y que hombres y mujeres debemos ser iguales en todo, incluida la apariencia física y la forma de ser. Por esta razón, hoy más que nunca, debemos seguir lo que nos dijo el Señor: Mirad que nadie os engañe. (Marcos 13.5). Ya que, como creyentes, debemos estar atentos y no dejarnos engañar en estos tiempos cercanos al fin en los que estamos viviendo.


Bíblicamente hablando, quiero desarrollar un poco más estos temas, pero separándolos, primeramente, entre varones y damas, para luego ver estos temas en conjunto.


Entonces, comenzaré con los varones. Dice la Palabra de Dios:


Muchos hombres proclaman su propia lealtad, pero un hombre digno de confianza, ¿quién lo hallará? (Proverbios 20.6 LBLA)

Recuerdo mi infancia, cuando uno se daba la mano con otro niño comprometiéndose a algo, mientras se decía la frase: “palabra de hombre”; esto se hacía para asegurarle al otro niño que, como hombre, uno cumpliría su palabra, sin falta alguna; ya que, de no hacerlo, era una señal de que uno era “poco hombre” o que carecía de la hombría suficiente para mantener su palabra en el tiempo.


En realidad, si uno mira más hacia el pasado, podemos ver que en antaño ser un hombre significaba ser alguien digno de confianza, pues la palabra empeñada como hombre tenía un alto valor. No obstante, el mundo de hoy está lleno de “pseudo hombres”, digo pseudo, porque nos hemos conformado a ser hombres cuya palabra no vale un céntimo. Pues decimos que haremos algo y no lo hacemos o viceversa; siendo que el Señor nos dijo:


Pero sea vuestro hablar: Sí, sí; no, no; porque lo que es más de esto, de mal procede. (Mateo 5.37)

Pero esto no solo lo hacemos en las cosas seculares, sino que además las hacemos en las cosas de Dios; de ahí la advertencia que encontramos en Eclesiastés cuando nos dice:


Cuando a Dios haces promesa, no tardes en cumplirla; porque él no se complace en los insensatos. Cumple lo que prometes. Mejor es que no prometas, y no que prometas y no cumplas. (Eclesiastés 5.4–5)

Asimismo, el varón de hoy en día se ha conformado a un sociedad donde el hombre ya no es la cabeza de su hogar, sino que, por así decirlo, quien “lleva los pantalones en la casa” es la mujer y no el varón, siendo que su Palabra nos enseña otra cosa:


Porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, siendo Él mismo el Salvador del cuerpo. (Efesios 5.23 LBLA)

Los varones creyentes de hoy le han estado cediendo su posición como cabeza del hogar a sus mujeres; muchas veces por comodidad y otras tantas porque las mujeres cristianas de hoy en día también se han conformado al mundo y no desean someterse a sus maridos; desobedeciendo ambos el mandato divino.


Y qué decir de las adquisición de costumbres tradicionalmente femeninas por parte de los hombres, por ejemplo, el depilarse partes del cuerpo (pecho, piernas, axilas, etc). Del mismo modo, hoy vemos a varones creyentes usando ropa ceñida al cuerpo, mostrando así su desnundez, cosa que no agrada a Dios; mientras que hay otros a quienes les encanta seguir la moda de las mujeres al usar camisetas que muestran “el escote masculino”. A tanto ha llegado la feminización que en estos días el uso de maquillaje por parte de hombres, está traspasando los límites homosexuales para alcanzar a los heterosexuales. Por ejemplo, en Japón ya se vende maquillaje para hombres en las farmacias o en tiendas especializadas.


Y qué hablar de los sentimientos; pues los hombres de hoy se ofenden por todo, pues resulta que ahora los varones (especialmente los más jóvenes) andan con sus sentimientos a flor de piel, ya que todo les ofende o los violenta (una palabra muy de moda). Pero es por eso que la palabra de Dios nos dice:


Velad, estad firmes en la fe; portaos varonilmente, y esforzaos. (1 Corintios 16.13)

Este mandato de Dios quedó impreso en las escrituras porque él conoce a los hombres y sabe como nuestros corazones y nuestras maneras se pueden desviar. Lo triste es que estas cosas han permeado incluso en las iglesias y en la vida de muchos varones creyentes.


Ahora me dirigiré a mis hermanas.


Satanás se ha ido encargando de introducir ideas que no están conforme al mandato divino desde los albores de la humanidad. Por ejemplo, como decía anteriormente, hoy en el mundo vemos la ejecución de la idea, que fue implantada hace décadas, de que la mujer es igual al hombre y, por tanto, debe hacer cada una de las cosas que hace un hombre, para “no ser menos”; esta es la masculinización de la mujer de la que hablaba al principio. La sociedad moderna presiona a la mujer para que actúe como un hombre y no como una mujer. Esta idea satánica también incita a la mujer para que ningún hombre la puede “dominar o subyugar”, siendo que en su Palabra encontramos lo siguiente:


Y el Señor Dios dijo: No es bueno que el hombre esté solo; le haré una ayuda idónea. (Génesis 2.18)

En este versículo, vemos que Dios creó a la mujer no para ser un igual en todo con el varón, sino alguien con diferencias, para que estas diferencias puedan ser un complemento para el hombre y no una especie de competencia, es decir, ser una ayuda en lo que al varón le falta por naturaleza; por ejemplo, el ser detallistas. Pues sabemos que por naturaleza, las mujeres son mucho más conscientes o preocupadas de los pequeños detalles que nosotros los hombres. Entonces, podemos decir que Dios hizo a la mujer así para que pueda complementar al varón con lo que Dios le dio y no para tratar de hacer las mismas cosas que hace un hombre, probándose a sí misma. Del mismo modo, el varón tiene cualidades que la mujer no y por eso es que se pueden complementar tan bien en un matrimonio.


Otra idea implantada por el diablo, especialmente en estos días, es la que busca presentar a toda mujer como una “víctima” y a todo varón como un “victimario”, porque esta corriente de pensamiento nos dice que “todos los hombres son malos”, mientras que “todas las mujeres son buenas”, ya que son “víctimas” de los hombres. Pero ¿qué nos dice Dios al respecto?


Entonces vino uno y le dijo: Maestro bueno, ¿qué bien haré para tener la vida eterna? Él le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno sino uno: Dios. (Mateo 19.16–17)

En estos versículos el Señor nos deja muy en claro que no existe tal cosa como las mujeres buenas, porque ninguno de nosotros es bueno a los ojos de Dios; bien le dice Pablo a los romanos, que no existe diferencia alguna, pues todos hemos pecado (Romanos 3.23); y que es la misma idea expresada en Eclesiastés cuando dice:


No hay una sola persona en la tierra que siempre sea buena y nunca peque. (Eclesiastés 7.20 NTV)

Así que, amada hermana, si usted está creyendo que por ser mujer es buena, le aconsejo que se mire en el espejo de la santidad de Dios para que note la maldad que hay en usted, porque como nos enseña su Palabra, tanto hombres como mujeres, somos igualmente malos a los ojos de Dios.


Otra área donde Satanás ha mantenido cautiva a la mujer desde hace miles de años es en lo referente a la apariencia física. El maligno siempre ha buscado estimular esta área en las damas, ya sea a través de la vanidad o a través de la inseguridad. Por ejemplo, hoy en día le presenta a las mujeres estándares de belleza que son imposibles de cumplir por la gran mayoría; para qué, para que se sientan inseguras y busquen con todas sus fuerzas alcanzar algo que jamás podrán alcanzar. En cuanto a las creyentes, al estimular estas inseguridades sobre su apariencia física, hace que su vista se desvíe a lo terrenal, quitando así la vista de las cosas celestiales que son las verdaderamente importantes. Por eso es que su palabra nos dice:


La hermosura es engañosa, la belleza es una ilusión; ¡sólo merece alabanzas la mujer que obedece a Dios! (Proverbios 31.30 TLA)

Entonces, una creyente que ha caído en esta trampa del maligno, con tal de sentirse segura, comienza a preocuparse del adorno externo y se olvida del adorno interno, que es de lo el Señor se agrada, según leemos en 1 Pedro 3.3-4; voy a leer la versión NTV que dice así: No se interesen tanto por la belleza externa: los peinados extravagantes, las joyas costosas o la ropa elegante. En cambio, vístanse con la belleza interior, la que no se desvanece, la belleza de un espíritu tierno y sereno, que es tan precioso a los ojos de Dios.


Ahora veamos tanto a hombres, como a mujeres juntos.


Tal como dije antes, Satanás siempre ha tratado de corromper la creación de Dios y, a decir verdad, lo ha conseguido de manera muy exitosa. Y como también mencioné, el maligno lleva décadas instaurando en la mente de las personas los conceptos que son una distorsión de la verdad de Dios, distorsión que se ha permeado en muchas iglesias y en vidas de muchos creyentes.


Uno de sus mayores objetivos del maligno, ha sido siempre tratar de minar la base de toda la sociedad humana, esto es, el matrimonio. El diablo trata de cambiar los roles impuestos por Dios en Génesis cuando mandó diciendo:


A la mujer dijo: Multiplicaré en gran manera los dolores en tus preñeces; con dolor darás a luz los hijos; y tu deseo será para tu marido, y él se enseñoreará de ti. Y al hombre dijo: Por cuanto obedeciste a la voz de tu mujer, y comiste del árbol de que te mandé diciendo: No comerás de él; maldita será la tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida. Espinos y cardos te producirá, y comerás plantas del campo. Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás. (Génesis 3.16–19)

En estos versículos vemos el orden impuesto por Dios: Varones trabajando fuera de casa para conseguir el sustento familiar con el sudor de su frente y siendo la cabeza cabeza del hogar; mientras que la mujer debe permanecer en casa criando a sus hijos y sometida bajo la voluntad de su marido. Esto del sometimiento, el diablo lo ha deformado a tal punto, que hizo que a la mujer se le considerara como un objeto por mucho tiempo, literalmente, que fueran vistas y tratadas como a una posesión material. Pero esto no fue algo arbitrario o casual de su parte, no; porque recordemos que el castigo para la serpiente está en directa relación con las mujeres. Dice así la Palabra de Dios:


Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y su simiente; él te herirá en la cabeza, y tú lo herirás en el calcañar. (Génesis 3.15 LBLA)

Esta es la razón por la cual se ha maltratado tanto a la mujer a lo largo de la historia de la humanidad. Pero esto jamás ha sido culpa de Dios, que es lo dice el mundo, inducido por las mentiras del diablo; sino que esto es, primeramente, culpa de Eva por desobedecer a Dios; y también, culpa del diablo por querer destruir a la mujer para que la simiente de ella no lo destruyera a él.


Un punto que mencioné antes, pero no desarrollé, fue lo del sometimiento de la mujer en el matrimonio. En la versión de la Reina Valera no queda tan claro el concepto de la sujeción de la mujer al varón en el hogar, por eso leeré la versión NTV que nos dice así:


Luego le dijo a la mujer: «Haré más agudo el dolor de tu embarazo, y con dolor darás a luz. Y desearás controlar a tu marido, pero él gobernará sobre ti» (Génesis 3.16)

Este concepto de la sujeción de la mujer a su marido lo amplía el apóstol Pablo en el Nuevo Testamento, tanto en Efesios, capítulo 5, comenzando en el verso 22, como en Colosenses capítulo 3, desde el versículo 18. Sin bien, esta sujeción es parte del castigo de la mujer por su desobediencia a Dios; sin embargo, lo hermoso de esto, es que aquel castigo pasó a ser una preciosa figura del sometimiento de la iglesia, como esposa, a la voluntad de Cristo, quien es el esposo; un sometimiento que tanto hombres como mujeres debemos aceptar y obedecer. Porque tanto varones como damas tenemos un esposo celestial, puesto que si somos el cuerpo de Cristo, somos su esposa.


Sé que para mis hermanos varones no es un término que nos guste escuchar o siquiera pensar, me refiero a que tenemos un esposo; pero esto es así, ya que cada varón creyente está en la misma posición de una esposa que debe someterse a su marido con toda sujeción como parte de la iglesia de Cristo.


Satanás, en la sociedad en la que vivimos hoy en día, ha corrompido este orden impuesto por Dios; puesto que en la mayoría de los hogares la que manda es la mujer y no el varón. Hago una aclaración, este no es un ataque contra las mujeres, ni tampoco es machismo de mi parte, sino que cuando vemos en las escrituras las consecuencias cuando los varones dejamos de ocupar el lugar que Dios nos mandó ocupar y de la manera que Dios nos dijo que debíamos hacerlo, para permitir que las mujeres se pongan por cabeza de nosotros, él nos tiene que decir cosas como esta:


Líderes inmaduros oprimen a mi pueblo, y las mujeres lo gobiernan. Oh, pueblo mío, tus líderes te engañan; te llevan por el camino equivocado. (Isaías 3.12 NTV)

Cuando uno lee en las escrituras qué pasó con Israel cuando las mujeres gobernaron o controlaron a sus maridos que eran reyes, podemos ver reinados nefastos y llenos de maldad, tales como los Jezabel, Atalía, Salomón en su vejez o del rey Joram, que era rey de Judá, quién fue inducido a hacer lo malo por la hija de Acab y Jezabel, tal como dicen las escrituras. Escuche:


Y anduvo en el camino de los reyes de Israel, como hizo la casa de Acab; porque tenía por mujer a la hija de Acab, e hizo lo malo ante los ojos de Jehová. (2 Crónicas 21.6–7)

Bien sabemos que cuando un hombre transgredió el mandato de Dios en Edén, al dejar de lado la voz de él, para escuchar la voz de su mujer que lo incitaba a desobedecer a Dios, caimos todos. He ahí el peligro cuando un hombre abandona el lugar impuesto por Dios, desobedeciendo la voz de él, o cuando una mujer ocupa un lugar que no le corresponde; pasan cosas tan terribles como las ocurridas en Edén.


Aunque claro, es perfectamente entendible, que como seres humanos, uno quiera dejar la responsabilidad en manos de alguien más, para que cuando llegue el momento de que yo cometa un error, pueda culpar a otro por mis errores; sin embargo, no es como Dios actúa, pues si bien fue Eva la engañada y la primera en desobedecer al comer del fruto, Dios le pidió cuentas a Adán, porque a él lo había dejado a cargo de todo; que es lo mismo que hará Dios con cada varón en su matrimonio, pues le pedirá cuenta de su casa, ya que el varón es la cabeza del hogar. Puede que alguien piense que eso es muy injusto e incluso haya quien piense que existe una contradicción en las escrituras, ya que Dios dice:


Los padres no morirán por los hijos, ni los hijos por los padres; cada uno morirá por su pecado. (Deuteronomio 24.16)

Pero no, no existe injusticia alguna en el caracter de Dios, porque él es justo (Salmos 11.7) y su trono está fundando en la justicia (Salmos 89.14). Del mismo modo, tampoco existe una contradicción en las escrituras, ya que aquel que es puesto como cabeza o gobernante, debe dar cuenta de sus gobernados. Esto lo vemos en el ejemplo del Señor Jesús, pues él es la cabeza de la iglesia y es él quien pagó por cada una de nuestras faltas, tomando la responsabilidad de nuestros actos como si fueran de él y, por tanto, es él quien se presenta delante del trono de Dios Padre como nuestro abogado. Tal como nos dice el apóstol Juan en su primera carta.


Como el diablo incita el dominio de la mujer sobre el varón, hoy en día, nuestra sociedad, es una que está altamente influenciada y muchas veces regida cada vez más por las mujeres. Eso sin mencionar el sinnúmero de varones creyentes que son gobernados por sus esposas en sus hogares, lo cual se permea incluso hasta las iglesias, en donde las decisiones que “toman los varones”, muchas veces, han sido influenciadas o derechamente tomadas por sus esposas y no por los varones.


Mis hermanos, ya para terminar, les quiero recordar que nosotros no somos de este mundo (Juan 15.19), por lo tanto, no podemos seguir la corriente de este mundo, porque Dios ya nos sacó de ella (Efesios 2.1-3). Entonces, estemos atentos y no nos dejemos engañar por las mentiras del maligno, sino que creámosle siempre a Dios, conformándonos a su Palabra, es decir, haciendo lo que su Palabra nos dice que hagamos y de la manera que él nos dice que la hagamos y no como el mundo la hace, sin importar lo que diga este, porque bien dice su Palabra:


Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre. (1 Juan 2.17)

Que el Señor les bendiga.


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