• Alexis Sazo

Mantenerse firme



Por lo cual, hermanos, tanto más procurad hacer firme vuestra vocación y elección; porque haciendo estas cosas, no caeréis jamás. (2 Pedro 1.10 RVR60)


Vivimos en tiempos peligrosos (2 Timoteo 3.1), donde la maldad de los hombres ha aumentado mucho –y lo hace cada día más–. Las personas del mundo le han dado la espalda a Dios, pero lo triste es que muchos creyentes también lo hacen. A pesar de esto, debemos seguir constantes y firmes, sin importar el mal que nos rodee, así como el desánimo de otros.


Si tomamos de ejemplo al rey Josías, podremos ver que se convirtió en rey cuando tenía 8 años; a los 16 buscaba a Dios; a los 20 ya era todo un reformador de Judá; y a los 26 era un humilde siervo de Dios. Su dramático crecimiento espiritual y liderazgo fueron el resultado de escuchar la Palabra de Dios para luego obedecer lo que había oído. Él vivió en tiempos donde el templo de Dios estaba en ruinas, donde la ley de Dios no solo se había olvidado, sino que se había perdido.


Nos dicen las escrituras que mientras reparaban y purificaban el templo en Jerusalén, encontraron el libro de la ley de Jehová (2 Crónicas 34.14), el cual llevaron a Josías y lo leyeron en su presencia. El rey lo oyó con atención, pero cuando terminaron de leerlo, se humilló delante de Dios, lloró en su presencia y rasgó sus vestidos, diciendo:


Andad, consultad a Jehová por mí y por el remanente de Israel y de Judá acerca de las palabras del libro que se ha hallado; porque grande es la ira de Jehová que ha caído sobre nosotros, por cuanto nuestros padres no guardaron la palabra de Jehová, para hacer conforme a todo lo que está escrito en este libro. (2 Crónicas 34.21 RVR60)


Josías se dio cuenta del gran pecado de aquellos que habían dirigido la nación antes de él, y decidió que tenía que hacer un cambio profundo y duradero.


Hay veces que en nuestras vidas debemos tomar medidas drásticas con aquellas cosas que nos alejan de Dios, con aquellos estorbos que entorpecen nuestro andar delante de Dios. Cada uno conoce su situación particular; pero con tal de mantenernos firmes en esta perversa generación, debemos buscar la cercanía con Dios, y por sobre todas las cosas, la santidad, sin la cual nadie verá a Dios (Hebreos 12.14).


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