• Alexis Sazo

Los momentos más oscuros



Entonces envió Jezabel a Elías un mensajero, diciendo: Así me hagan los dioses, y aun me añadan, si mañana a estas horas yo no he puesto tu persona como la de uno de ellos. Viendo, pues, el peligro, se levantó y se fue para salvar su vida, y vino a Beerseba, que está en Judá, y dejó allí a su criado. Y él se fue por el desierto un día de camino, y vino y se sentó debajo de un enebro; y deseando morirse, dijo: Basta ya, oh Jehová, quítame la vida, pues no soy yo mejor que mis padres. (1 Reyes 19.2–4 RVR60)


¿Qué habríamos hecho nosotros si alguien, supongamos el presidente del país donde vivimos, nos amenaza de muerte? ¿Nos quedamos y confiamos en Dios o hacemos lo que hizo el profeta Elías? Hago estas preguntas porque es muy fácil mirar la situación desde fuera cuando leemos la historia de este profeta; es fácil tildarlo de cobarde, falta de fe o algo por el estilo, pero muy diferente es la situación cuando nos toca vivirla de manera personal.


Charles Whittlesey fue héroe de héroes. Fue el líder del denominado «Batallón perdido», durante la Primera Guerra Mundial. Lo premiaron con la medalla de honor por su valentía cuando su unidad quedó atrapada detrás de las líneas enemigas. Cuando se inauguró en su país la tumba al soldado desconocido, lo eligieron para que fuera el portador del féretro del primer soldado colocado en ese sitio. Sin embargo, dos semanas después, se presume que terminó con su vida lanzándose de un crucero en el medio del océano.


Charles era fuerte en público; sin embargo, en los momentos de quietud y privacidad, experimentaba sentimientos de desesperación. Posiblemente haya sido lo que le pasó al profeta Elías, quien horas antes había hecho descender fuego del cielo y degolló a los cuatrocientos cincuenta profetas de Baal (1 Reyes 18.20–40). Y tras orar a Dios, terminó con la sequía de tres años en la que estaba Israel (1 Reyes 18.41–46). Pero en cuanto la reina Jezabel le amenazó de muerte su ánimo se vino abajo.


Muchas veces cuando los creyentes solemos enfrentar situaciones más tremendas de lo que podemos manejar, somos presa de la desesperación; una desesperación temporal producida por la fatiga, como en el caso de Elías o nuestra falta de fe en nuestro Señor. Nos sumimos en la miseria de ver nuestras terribles situaciones, sin elevar nuestras miradas a lo alto. Porque Dios ofrece estar con nosotros en los momentos más oscuros de la vida, pues Él dijo: «y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén» (Mateo 28.20 RVR60).


Si el Señor permite que pasemos por cosas tremendas es para que aprendamos a confiar en Él, a descansar en su poder y depender completamente de Él. Si nos faltan las fuerzas, recordemos lo que nos dice su Palabra:


¿No has sabido, no has oído que el Dios eterno es Jehová, el cual creó los confines de la tierra? No desfallece, ni se fatiga con cansancio, y su entendimiento no hay quien lo alcance. El da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas. (Isaías 40.28–29 RVR60)


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