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  • Foto del escritorAlexis Sazo

Lo que Dios dice acerca de la sexualidad



Honroso sea en todos el matrimonio, y el lecho sin mancilla; pero a los fornicarios y a los adúlteros los juzgará Dios. (Hebreos 13:4)


La crisis del matrimonio y de la familia se agudiza con cada año pasa. El divorcio, el adulterio, la unión libre, los matrimonios «igualitarios», y toda clase de desviaciones que socavan la primera institución dada por Dios a sus criaturas (Génesis 2:23–24). Pero lo que el hombre no sabe, es que todas estas cosas acarrean mucho sufrimiento, estropea y lastima muchas vidas. Algunos hacen estas cosas como una forma de «librarse» de los mandamientos divinos, dados para mantener un orden social y moral. En Salmos dice acerca de las personas sin Cristo:


Rompamos sus ligaduras, y echemos de nosotros sus cuerdas. El que mora en los cielos se reirá; el Señor se burlará de ellos. (Salmos 2:3–4)


Aun cuando nuestra sociedad pisotea los principios divinos, las enseñanzas de la Biblia permanecen claras e inmutables, bien dijo el Señor: «El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán» (Mateo 24:35). Nuestro deber como creyentes es conformarnos a ellas. El mundo siempre irá con sus corrientes que son contrarias a lo que Dios dice, corremos el riesgo de acostumbrarnos a prácticas como el divorcio, práctica que Dios aborrece (Malaquías 2:15–16). Su Palabra nos dice: «Así que no son ya más dos, sino una sola carne; por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre» (Mateo 19:6).


Una trampa, que acecha principalmente a los jóvenes, es la unión libre o el «casamiento de prueba», los cuales tienen un denominador común: la transgresión y la desobediencia a Dios, al practicar la fornicación. Alguien puede preguntarse, ¿y qué es lo que Dios permite? Relaciones sexuales entre un hombre y una mujer que estén unidos en matrimonio. Todo lo demás, es pecado a los ojos de Dios. El apóstol Pablo les decía a los corintios:


Huid de la fornicación. Cualquier otro pecado que el hombre cometa, está fuera del cuerpo; mas el que fornica, contra su propio cuerpo peca. ¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios. (1 Corintios 6:18–20)


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