• Alexis Sazo

Lo que Andrés nos enseña



 

Este (Andrés) halló primero a su hermano Simón, y le dijo: Hemos hallado al Mesías (que traducido es, el Cristo). Y le trajo a Jesús. (Juan 1:41–42)

 

En el evangelio del apóstol Juan, se nos dice que un día, Juan el bautista, viendo a Jesús que andaba por allí, exclamó: «He aquí el cordero de Dios». Dos de sus discípulos lo oyeron y siguieron a Jesús. Andrés era uno de ellos. Entonces, se fue donde estaba su hermano Simón y le dijo: «Hemos hallado al Mesías... Y le trajo a Jesús» (Juan 1:35–42).


En su simplicidad, estas palabras de la Biblia nos llaman a lo siguiente: ¿nos preocupamos por hacer que ese pariente, ese compañero o ese vecino que encontramos cada día, venga a Jesús? Porque si los cristianos no propagamos la Palabra de Dios en el mundo, ¿quién lo hará? Si no hablamos a nuestro alrededor de Jesús, el Salvador del mundo, ¿quién hablará de Él? El Señor Jesús dijo: «Vosotros sois la sal de la tierra»; y también: «Vosotros sois la luz del mundo» (Mateo 5:13–14).


Para aquellos cuya conciencia fue despertada, es un debe despertar también a los que Satanás consiguió hundir en un profundo sueño de indiferencia o incredulidad. Los que encontraron al Señor deben ayudar a que los demás también lo encuentren.


Otro ejemplo que encontramos en el mismo evangelio de Juan, es el de la mujer samaritana. Después de haber encontrado al Señor Jesús, la mujer de Samaria volvió a la ciudad y se apresuró a decir: «Venid, ved a un hombre que me ha dicho todo cuanto he hecho. ¿No será este el Cristo?» Mucha gente se acercó a Jesús y varios samaritanos dijeron a la mujer: «Ya no creemos solamente por tu dicho, porque nosotros mismos hemos oído, y sabemos que verdaderamente éste es el salvador del mundo, el Cristo» (Juan 4:39–42).


Esta lección podemos aprender del apóstol Andrés, llevar a otros a Cristo; este debe ser nuestro mayor deseo, desear que los que nos rodean puedan conocer al autor de la vida y ser salvados de una eternidad de condenación; pero no solo predicándoles el evangelio, sino también orando por ellos incansablemente.


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