• Cristian Vidal S.

Las bienaventuranzas (5)



Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. (Mateo 5.7 RVR60)

En nuestra cultura actual, se entiende la misericordia como: la inclinación a sentir compasión por los que sufren y ofrecerles ayuda; no obstante, para los creyentes, esta bienaventuranza nos conmina a ir más allá de la creencia y la práctica popular del mundo, la que generalmente se traduciría en dar limosna a los pobres de lo que nos sobra en los bolsillos y ofrecer “un perdón” poco sincero, pues muchos “perdonan”, pero jamás olvidan; lo cual no es como el perdón de Dios.


Yo, yo soy el que borro tus rebeliones por amor de mí mismo, y no me acordaré de tus pecados. (Isaías 43.25 RVR60)

Sin embargo, bajo los estándares de Dios, la misericordia es la única forma de vida que debe tener aquel que ha sido adoptado como hijo en su familia celestial. Como imitadores del modelo divino, el creyente no es uno que se “duele” mirando a lo lejos el sufrimiento de su prójimo sin hacer nada, sino que es uno que toma acción y está dispuesto a dar no solo lo que le sobra, sino más allá; mostrando el amor al prójimo que nos manda Dios (Mt. 22.39).


Nadie tiene un amor mayor que éste: que uno dé su vida por sus amigos. (Juan 15.13 LBLA)

Mas adelante, el evangelista enfatiza en el capítulo seis el porqué de esta bienaventuranza; en la medida que perdonamos a los demás, seremos perdonados por Dios:


Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas. (Mateo 6.14-15 RVR60)

Esto me recuerda lo que les decía a mis estudiantes en cada evaluación: “no les pediré ningún esfuerzo que no hayan hecho con anterioridad o que no estén en condiciones de hacer”. Y en este caso, el Señor nos ha dado el ejemplo a imitar, encarnándose y haciéndose uno de nosotros, padeciendo así la condición humana en profunda identificación por nuestro dolor y entregando su propia vida en rescate por las nuestras, ¡eso es misericordia!


En un mundo polarizado por ideologías que deshumanizan a quien no esté dispuesto a someterse a sus teorías y dogmas; que juzga de manera inmisericorde los errores ajenos y de forma muy indulgente los personales. Mientras que por otra parte, la misericordia que hallamos en Jesús, es la alternativa provista por Dios para quienes le seguimos; convirtiéndonos así en imitadores de nuestro Padre celestial.


Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados. Y andad en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante. (Efesios 5.1-2 RVR60)

Porque, hermanos, ser misericordiosos como nuestro Dios no es una opción, es un mandato, ya que el mismo Señor Jesús nos dijo:


Sed misericordiosos, así como vuestro Padre es misericordioso. (Lucas 6.36 LBLA)

Por lo tanto, ¡imitemos a nuestro Salvador! ¡Y olvidemos las ideologías de este mundo! ¡Aprendamos a ser diferentes y no seguir la corriente de este mundo (Ef. 2.1-7)! ¡Amén!


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