• Alexis Sazo

La venganza



No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré dice el Señor. (Romanos 12.19 RVR60)


La palabra venganza viene del griego ekdikéō (ἐκδικέω) y significa: ejecutar la justicia, defender la causa de uno, mantener el derecho. Es por esta razón por la cual Dios nos dice que no nos venguemos nosotros mismos, ya que en nosotros no hay justicia; solo Dios es el poseedor de la justicia plena y sin parcialidad.

Dios es juez justo, y Dios está airado contra el impío todos los días. (Salmos 7.11)

Entendiendo esta verdad desde el contexto del griego ¿Cómo podríamos nosotros aplicar un juicio justo? Ya que la venganza implica justicia que como humanos no tenemos. Es cierto que el Señor nos manda a no pagar a nadie mal por mal (Romanos 12.17); pero tenemos que entender que la venganza no son solo acciones sino también palabras y pensamientos. Y con respecto a esto último, tenemos el ejemplo de nuestro Salvador:

Quien cuando le maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino encomendaba la causa al que juzga justamente. (1 Pedro 2.23 RVR60)

El Señor Jesús es nuestro ejemplo perfecto, al cual debemos imitar como hijos de Dios. Si Él encomendaba la causa al que juzga justamente, ¿por qué nosotros buscamos vengarnos por nuestros propios medios? Tampoco pequemos con nuestra mente o nuestra boca; ya que en su palabra leemos:


Guarda silencio ante Jehová, y espera en él. No te alteres con motivo del que prospera en su camino, por el hombre que hace maldades. Deja la ira, y desecha el enojo; no te excites en manera alguna a hacer lo malo. Porque los malignos serán destruidos, pero los que esperan en Jehová, ellos heredarán la tierra. (Salmos 37.7-9 RVR60)


Ni siquiera con nuestros pensamientos debemos vengarnos, porque nuestro Omnisciente Dios lo sabe todo:


Oh Jehová, tú me has examinado y conocido. Tú has conocido mi sentarme y mi levantarme; has entendido desde lejos mis pensamientos. Has escudriñado mi andar y mi reposo, y todos mis caminos te son conocidos Pues aún no está la palabra en mi lengua, y he aquí, oh Jehová, tú la sabes toda. (Salmos 139.1-4 RVR60)


Mejor, dejémosle nuestras cargas al Señor (Mateo 11.28); así como todos nuestros problemas, porque Él pelea por nosotros. Tal como dice su Palabra: El Señor peleará por vosotros mientras vosotros os quedáis callados. (Éxodo 14.14 LBLA)

Por lo tanto, hermanos, dejemos todo en mano de nuestro amoroso Dios y nosotros preocupémonos por correr con paciencia la carrera que tenemos por delante (Hebreos 12.1); hasta que nuestra hora llegue y vayamos a su presencia o Él venga a buscarnos en las nubes, como prometió.


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