• Alexis Sazo

La sal de la gratitud



Alabad a Jehová, invocad su nombre; dad a conocer sus obras en los pueblos. (Salmos 105:1)


Un niño dijo lo siguiente: «La sal es lo que echa a perder las papas cuando no se les pone». Usando la misma clase de definición negativa podemos decir: «La gratitud es lo que echa a perder la vida cuando no se incluye».


La disposición a estar agradecidos continuamente viene de una confianza inquebrantable en la sabiduría, el poder y la bondad de Dios cualesquiera que sean las circunstancias. Un creyente puede que sea pobre en cuanto a los bienes de este mundo, pero es verdaderamente rico espiritualmente.


Algunas de las personas más agradecidas que conozco tienen pocas posesiones materiales y poco dinero en sus cuentas bancarias. Pero como creyentes nos cuesta ser agradecidos con lo que Dios nos ha dado, especialmente cuando las circunstancias no parecen ser favorables para nosotros. Sin embargo, la Palabra de Dios dice:


​​Sean vuestras costumbres sin avaricia, contentos con lo que tenéis ahora [énfasis añadido]; porque él dijo: No te desampararé, ni te dejaré. (Hebreos 13:5)


A veces deseamos tener más en lo material, pero las riquezas pueden ser una limitación. Por ejemplo: Una mujer muy adinerada le dijo a su psiquiatra que se sentía muy frustrada por un deseo perturbador de acumular más y más cosas. Él contestó: «Esos, por lo general, son los síntomas de tener mucha comodidad en el hogar y poca gratitud en el hogar».


Independientemente de cuáles sean sus circunstancias, la Palabra de Dios nos dice: «Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad» (Lamentaciones 3:22–23). Cada día que pasamos en este mundo, somos receptores de las misericordias de Dios, y por ello es que debemos dar gracias. «La sal de la gratitud» ayuda a hacer que toda la vida «sepa mejor».


Pero lo que no podemos olvidar que el ser agradecidos es un mandamiento de Dios: «Y la paz de Dios gobierne en vuestros corazones, a la que asimismo fuisteis llamados en un solo cuerpo; y sed agradecidos [énfasis añadido]» (Colosenses 3:15).


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