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  • Foto del escritorAlexis Sazo

La sabiduría de lo alto




El temor de Jehová es el principio de la sabiduría, y el conocimiento del Santísimo es la inteligencia. (Proverbios 9:10)


Ciertamente, como creyentes en Cristo, debemos anhelar la sabiduría que provee Dios, puesto que es necesario que le temamos.  No hablo de la sabiduría de este mundo, ya que esta no es más que una necedad, así lo dice su Palabra: «¿No ha hecho Dios que la sabiduría de este mundo sea necedad?» (1 Corintios 1:20 LBLA). No solo eso, los seres humanos dicen ser sabios, cuando en realidad son necios (Romanos 1:22). Por esta razón, no tiene sentido que busquemos ese tipo de sabiduría humana. Pero, ¿por qué desear la sabiduría de lo alto? Santiago nos responde claramente: 


Pero la sabiduría que es de lo alto es primeramente pura, después pacífica, amable, benigna, llena de misericordia y de buenos frutos, sin incertidumbre ni hipocresía. (Santiago 3:17)


Sabemos que el mundo aborrece al Señor y a los que somos suyos (Juan 15:17–18); no obstante, algo totalmente distinto es rechazar la sabiduría de Dios, porque bien dice en su Palabra que «los insensatos desprecian la sabiduría y la enseñanza» (Proverbios 1:7). Pero, ¿cómo podemos adquirir el temor de Dios para ser sabio delante de sus ojos? La misma Palabra de Dios nos da la respuesta:


Hijo mío, si recibes mis palabras, y atesoras mis mandamientos dentro de ti, da oído a la sabiduría, inclina tu corazón al entendimiento; porque si clamas a la inteligencia, y alzas tu voz al entendimiento, si la buscas como a plata, y la procuras como a tesoros escondidos, entonces entenderás el temor del Señor, y descubrirás el conocimiento de Dios. Porque el Señor da sabiduría, de su boca vienen el conocimiento y la inteligencia. (Proverbios 2:1–6 LBLA)


En síntesis, lo que dicen estos versículos es que debemos desear ser sabios delante de Dios y atesorar la Palabra de Dios en nuestros corazones. Claro, para ello tenemos que pasar tiempo escudriñando las Escrituras, leyendo, meditando en ellas, memorizando versículos. En otras palabras, pasar tiempo en la Biblia debe ser un deleite y no una obligación. Eso sin mencionar la oración, claro. Además, si es que necesitamos sabiduría, basta con que la pidamos para recibirla (Santiago 1:5).


Así que, hermanos, busquemos la sabiduría de Dios para nuestras vidas de manera diaria, desechemos la llamada sabiduría humana, pues es una necedad y sobre todo, pidámosle a Dios que nos dé la sabiduría para vivir vidas agradables a sus ojos. 

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