• Alexis Sazo

La respuesta de Dios



El día que clamé, me respondiste; me fortaleciste con vigor en mi alma. (Salmo 138:3)

David, el autor del salmo 138 citado más arriba, atravesó numerosas dificultades a lo largo de su vida y Dios lo libró en muchas ocasiones. Sin embargo, en este salmo Dios no le respondió mediante una liberación. En respuesta a su clamor, aumentó la fuerza interior de David, haciéndolo capaz de soportar la prueba.

Mis hermanos, Dios siempre responde a nuestras oraciones, a nuestros clamores y llamados de socorro. Sin embargo, no siempre pone fin a la prueba, porque sabe que es necesaria, ni tampoco nos contesta como nosotros queremos, sino conforme a su voluntad. Entonces, su respuesta es, en cierto sentido, mejor que una liberación, pues sabe lo que nosotros verdaderamente necesitamos. Nos fortalece interiormente, para hacernos “más que vencedores”: no solo atravesaremos la prueba victoriosamente, sino que por medio de ella aprenderemos a conocer mejor a nuestro Señor.

Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia. Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna. Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada. (Santiago 1:2–5)

Muchos cristianos lo hemos experimentado, la mano de Dios durante la prueba. Y aunque podamos pensar en aquel momento que no podemos soportar más tal o cual prueba, Dios siempre nos fortalece, y ciertamente, la prueba nos trajo una bendición mayor aun que una liberación. De esta forma aprendemos a conocer mejor a Dios y a contar con Él más firmemente. Nuestras dificultades se deben principalmente al ser conscientes y de sentir nuestra propia debilidad. Cuando esto ocurre podemos darnos cuenta y sentir con más fuerza nuestra necesidad de buscar ayuda en Dios.

De esta manera, cuando Dios no cambia las circunstancias de nuestra vida, no concluyamos que Él no responde, porque incluso una respuesta negativa a nuestras peticiones es una respuesta de Dios que nos dice que necesitamos pasar por la prueba. Él responde de otra manera: poniendo a nuestra disposición sus propios recursos, adaptados y suficientes para la prueba que Él midió para su Hijo.

Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación. Porque de la manera que abundan en nosotros las aflicciones de Cristo, así abunda también por el mismo Cristo nuestra consolación. (2 Corintios 1:3 y 5)


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