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  • Foto del escritorAlexis Sazo

La oración es fundamental




¡Cuán amables son tus moradas, oh Jehová de los ejércitos! Anhela mi alma y aun ardientemente desea los atrios de Jehová. (Salmos 84:1–2)


Hoy meditaba en lo hermoso que es pasar tiempo pies de nuestro Dios en oración. No obstante, tantas veces tomamos la oración con monotonía, como una carga o una obligación que cumplir. Pero no hay cosa mejor que derramar el corazón en oración. ¿Cuándo fue la última vez que su pecado le hastió tanto que le hizo derramar lágrimas clamando a Dios por ayuda? ¿Hace cuánto que su corazón no se quebranta en gozo y alabanza a Dios mientras ora? ¿Y qué de nuestro crecimiento espiritual? ¿Nos sentimos estancados?


Simplemente, no podemos ser quien Dios desea que seamos (semejantes a Cristo) sin la conexión vital de la oración diaria. Ayer hablaba de que estamos en una guerra espiritual, y de cómo la oración es nuestra línea de abastecimiento y el vínculo de comunión con nuestro comandante. Mis hermanos, podemos avanzar en nuestras vidas: sin amigos, sin dinero, sin un empleo, hasta sin una familia que nos apoye. Sin embargo, en nuestra carrera espiritual no podemos avanzar sin oración, eso es imposible. ¿Por qué? Porque, por ejemplo, sucumbiremos a la tentación: «Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil» (Marcos 14:38).


Ahora, un detalle, cuando invertimos seriamente nuestro tiempo y nuestro corazón en oración, es que podemos esperar oposición de nuestros enemigos, especialmente del maligno, quien susurrará a nuestros oídos cosas como: —¿Qué estás haciendo? La oración no sirve, deja de perder tu tiempo. —No necesitas a Dios, puedes resolverlo tú solo. —Dios está muy ocupado, y tú no le importas lo suficiente como para ponerte atención. —Ese problema lo provocaste tú, ¿acaso esperas que Dios te saque de donde tú mismo te metiste? ¡Olvídalo! —¿Cuántas veces has pedido lo mismo y no has recibido respuesta? ¿Para qué sigues, si Dios no te oye? —Mira cuántas veces has pecado y fracasado, ¿crees que Dios se va a tomar el tiempo de usar a alguien como tú? —Mírate, ¿qué tienes de bueno que Dios pueda desear? ¡Déjalo ya! No vale la pena orar.


Si queremos vencer a nuestros enemigos espirituales, si queremos crecer y avanzar en lo espiritual, si queremos ser libertados del pecado que nos asedia, para correr con paciencia la carrera que tenemos por delante (Hebreos 12:1), mis hermanos, la oración es fundamental. Así que, no perdamos el tiempo, ni nos dejemos engañar por Satanás, y acudamos prontamente, en todo momento y sin cesar a Dios en oración (1 Tesalonicenses 5:17), pues allí se encuentra nuestra victoria.

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