• Alexis Sazo

La oración como secreto



Mas yo a ti he clamado, oh Jehová, y de mañana mi oración se presentará delante de ti. (Salmos 88:13 RVR60)


Un periodista le hizo esta pregunta a una señora que padecía serios problemas de salud. Además, debía ocuparse del sustento de su familia y más encima cuidaba de su marido enfermo, el cual había quedado gravemente lisiado a raíz de un accidente. Tras preguntarle: «¿Cómo aguanta?», la señora respondió: —¡Mediante la oración! Gracias a Dios tengo el privilegio de ser cristiana, si no, estaría muerta.


Quizás para usted la oración no forme parte de su vida cotidiana; tal vez usted nunca le haya a Dios. Sin embargo, Él lo oye y le conoce a la perfección; Él conoce cada uno de sus deseos, alegrías y quejas. Pero Dios también quiere oír su voz; desea que usted le hable como a alguien que le ama. Él habla mediante su Palabra, esto es la Biblia, la cual mandó escribir para usted.


Este diálogo que las criaturas podemos tener con el creador, lo pueden gozar todos aquellos que han recibido la salvación gratuita de sus almas por parte de Dios. En el relato del principio, cuando la señora hablaba del privilegio de ser cristiana, simplemente expresaba la felicidad de conocer el recurso que le permitía sobrellevar la difícil situación que estaba viviendo. Ella creía –y vivía en carne propia– lo que Dios dijo en su Palabra:


Echa sobre Jehová tu carga, y él te sustentará; no dejará para siempre caído al justo. (Salmos 55:22 RVR60)


Para poder sostenerse en la vida, en una vida tan dura, ella tenía el socorro divino a cada instante, como respuesta a sus oraciones. Esto es porque «al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios» (Salmos 51:17). Aprovechemos este tremendo recurso que tenemos a nuestra disposición cada día, pues no hay nada más hermoso que poder descansar en los tiernos brazos de nuestro Dios.


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