• Alexis Sazo

La necesidad de examinarnos (Tercera parte)



Si tomamos como ejemplo al apóstol Pablo, veremos que él fue modificando su concepto de sí mismo a través del tiempo. Esta transformación de su propia percepción la obtuvo a lo largo de su experiencia y cercanía a esta luz verdadera, que es Cristo Jesús. Veamos lo que dice de sí en las cartas que escribió, analizando por orden cronológico de escritura las cartas y lo que dijo de sí:


1. El apóstol más pequeño. Él, ni siquiera se sentía digno de ser llamado apóstol, pues había sido perseguidor de la iglesia del Dios Verdadero:


Porque yo soy el más pequeño de los apóstoles, que no soy digno de ser llamado apóstol, porque perseguí a la iglesia de Dios. (1 Corintios 15.9 RVR60)

En esta primera etapa, el apóstol se da cuenta que no es digno de recibir dicho título, pues él hace referencia de sí como un abortivo, que podemos leer en el versículo 8 de la cita antes mencionada.


2. Viviendo con el mal. Luego, podemos ver que Pablo se dio cuenta que en su cuerpo, es decir, en su carne, no vivía él bien, sino todo lo contrario.


Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien; porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo. (Romanos 7.18 RVR60)

Pablo entendía que era prisionero de este mal, por tanto, ese mal lo llevaba cautivo a hacer lo malo, sin que él siquiera tuviese ganas de hacerlo. Pero no lo usaba como un justificativo para pecar, sino todo lo contrario, lo usaba para batallar consigo mismo, a fin de no permitir que la carne de este viejo hombre venciera al espíritu del nuevo hombre.


3. El peor de todos. En este punto de su vida espiritual, Pablo se consideraba el peor de los pecadores.

Palabra fiel y digna de ser recibida por todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero. (1 Timoteo 1.15 RVR60)

Pablo, ahora se reconoce como aquel que está primero en la lista de los pecadores. Seguramente él se imaginaba una lista o quizás una fila, la cual encabezaba, pues se sentía como el peor de todos los pecadores. Por fin se veía como era, por fin manifestaba su entendimiento de quién era él frente a los ojos de Dios, bajo esta luz verdadera.


Amados, entonces, ¿cómo nos estamos mirando a nosotros mismos? Y más aún ¿qué es lo que dice de usted mismo, en su corazón, cuando medita sobre su persona? Finalmente, ¿se mirará con su propia luz o se mirará bajo la luz de Dios para verse como realmente es?


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