• Alexis Sazo

La necesidad de examinarnos (Primera parte)



Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis pensamientos; y ve si hay en mí camino de perversidad, y guíame en el camino eterno. (Salmos 139.23–24 RVR60)


Amados en Cristo el Señor, cuán importante es que estos versículos sean parte de nuestra rutina de vida como cristianos. Cada primera oración del día -así como la última- debe ser reflejo de nuestro deseo sincero y profundo de ser examinados bajo la luz de Dios, de la misma manera que un científico mira bajo un microscopio, para escudriñar hasta el más pequeño de los detalles. Quizás se pregunte para qué o por qué deberías hacer este ejercicio, pues para ver lo que realmente somos, pues no somos como creemos que somos.


El hermano Watchman Nee, en su libro titulado: Conocimiento Espiritual, escribió lo siguiente:


Para vernos a nosotros mismos hace falta que le pidamos a Dios que nos ilumine con su luz, en vez de estar examinándonos a nosotros mismos. Con frecuencia, damos por sentado que nuestros motivos son perfectos, pero a la luz de Dios nos muestra lo egoístas, lo calculadores e injustos que somos. Sin la luz de Dios, hay veces que consideramos nuestra vida como pasable; en su luz, no obstante, estamos conscientes de lo que incapaces que somos. En la luz de Dios veremos, en efecto, la luz.

Cada creyente, en aquel encuentro cara a cara con la santidad de Dios, o sea, con aquella luz verdadera que alumbra a todo hombre y que vino al mundo (Juan 1.9), nos permitió darnos cuenta en qué estado estábamos, ya que, por primera vez nos vimos como realmente somos. Por primera vez pudimos ver que estábamos podridos en maldad y pecado, además de muertos espiritualmente; así que, no tuvimos más remedio que doblar las rodillas y arrepentirnos de todo el mal que había en nosotros, clamando al Señor Jesús por Salvación. Bueno, es ese mismo ejercicio que debe ser hecho cada día, pues en nosotros no mora el bien (Romanos 7.18).


La sangre del Cordero Santo, inmolado en la cruz, lavó nuestros pecados y le dio vida a nuestros espíritus, que estaban muertos debido al pecado pecado. Sin embargo, nosotros seguimos viviendo en un cuerpo carnal y pecaminoso, que aún está manchado con el pecado y que además desea con cada átomo de su ser, poder pecar para deleitarse a sí mismo en la inmundicia en la que fue concebido:


He aquí, en maldad he sido formado, y en pecado me concibió mi madre. (Salmos 51.5 RVR60)

Por eso debemos darle gloria a Dios porque Él nos provee de todo lo que podamos necesitar:


Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús. (Filipenses 4.19 RVR60)

Continuará.

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