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  • Foto del escritorAlexis Sazo

La Navidad




Decid a los de corazón apocado: Esforzaos, no temáis; he aquí que vuestro Dios viene con retribución, con pago; Dios mismo vendrá, y os salvará.  (Isaías 35:4)


La palabra Navidad tiene su origen en el vocablo latino «nativitas» (nacimiento) que proviene del verbo «nascor» (nacer), de raíz indoeuropea. Buscando acerca del origen de la fiesta en sí, no de su significado, encontré lo siguiente en la enciclopedia británica: 


«La comunidad cristiana primitiva distinguió entre la identificación de la fecha del nacimiento de Jesús y la celebración litúrgica de ese acontecimiento. La observancia real del día del nacimiento de Jesús fue muy larga. En particular, durante los dos primeros siglos del cristianismo hubo una fuerte oposición al reconocimiento de los cumpleaños de los mártires, en este caso, de Jesús. Numerosos Padres de la Iglesia ofrecieron comentarios sarcásticos sobre la costumbre pagana de celebrar los cumpleaños cuando.


El origen exacto de asignar el 25 de diciembre como fecha de nacimiento de Jesús no está claro. El 25 de diciembre fue identificado por primera vez como la fecha del nacimiento de Jesús por Sexto Julio Africano en 221 d.C. y más tarde se convirtió en la fecha universalmente aceptada. Una explicación generalizada del origen de esta fecha es que el 25 de diciembre fue la cristianización de los dies solis invicti nati («día del nacimiento del sol invicto»), una fiesta popular en el Imperio Romano que celebraba el solsticio de invierno como símbolo del resurgimiento del sol y el fin del invierno». 


En lo personal, me llama la atención que tantos cristianos celebran estas fiestas de orígenes paganos, ya que, dependiendo del tiempo, era la celebración del solsticio de invierno, la Yule, Saturnalias, etc. Nosotros, como creyentes, tenemos un memorial que celebrar, y es la cena del Señor o santa cena, la cual fue instaurada por el mismo Señor Jesús. Él nunca dijo recuérdenme en mi nacimiento, sino, háganlo en mi muerte. Porque a fin de cuentas, lo que cambió al mundo (y nuestras vidas) es la muerte de Cristo, no su nacimiento. 


Mis hermanos, con amor les digo lo que le dijo el apóstol Pablo a los romanos: «No imiten las conductas ni las costumbres de este mundo, más bien dejen que Dios los transforme en personas nuevas al cambiarles la manera de pensar. Entonces aprenderán a conocer la voluntad de Dios para ustedes, la cual es buena, agradable y perfecta» (Romanos 12:2 NTV).

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