• Iris P.

LA MENTIRA DEL DIABLO QUE ABUNDA EN EL PUEBLO DE DIOS



He oído a creyentes decir: “Dios me ha bendecido, me ha dado una hermosa casa, un regio automóvil, un excelente trabajo, muy buenos hijos, buena salud, una linda familia, no tengo necesidad de nada, buenos amigos e incluso unas ricas vacaciones.”


Pero ¿qué nos advirtió el Señor? En el mundo tendréis aflicción. (Juan 16.33)


Hermanos, un verdadero hijo de Dios no puede pasarla bien en este mundo, pues bien dice su Palabra: 


Y también todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán persecución. (2 Timoteo 3.12)

Los creyentes de hoy en día de lo único que nos preocupamos es de las cosas materiales de esta vida y de ser felices en el mundo. Sin embargo, el mismo Señor Jesús, siendo Dios, no tuvo donde recostar su cabeza. Dijo: Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; pero el Hijo del Hombre no tiene donde recostar su cabeza. (Mateo 8.20)


El apóstol Pablo, como hombre de Dios, renunció a todo lo que tenía para servir a Cristo. Y qué dijo él: Pero cuantas cosas eran para mí ganancias, las he estimado como pérdidas por amor a Cristo. Y ciertamente aún estimo todas las cosas como pérdidas por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por lo cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo. (Filipenses 3:8-9)


No, no me mal interprete, no es malo tener bienes materiales, pero ese no es el objetivo de la vida como cristianos. Una pregunta ¿qué pasa generalmente con aquellos creyentes a los que les va bien en la vida?, ¿acaso, por norma general, no dejan las primicias de su amor a Cristo por trabajo y placeres? Es triste, pero es una realidad. 


En los años que llevo de vida (ya soy una mujer mayor), he visto con dolor como vidas espirituales de cristianos fieles han sido arruinadas tras mejorar su situación económica. Algunos se volvieron directamente al mundo, mientras que otros, viven en estados de tibieza espiritual, famélicos en la fe. ¿Por qué es esto? Porque han cambiado de amo, bien dijo el Señor: 


Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas. (Mateo 6.24)

Esta es la mentira del diablo. Él es astuto y sabe como distraer la atención de los creyentes. Cuando ha logrado el objetivo de estorbar la vida de un hijo de Dios les deja tranquilos, no les molesta por nada, para que crean que Dios les ha dado lo que se merecen. A los ojos de estos cristianos, aquellos hermanos que económicamente viven en estrechez, es porque Dios no los bendice como a ellos. Pero recordemos que las bendiciones de Dios son espirituales: 


Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo. (Efesios 1.3)

No nos dejemos engañar por el diablo, porque lo material de este mundo perece, bien dijo el Señor: No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan. (Mateo 6.19–20)


Seamos ricos para con Dios, busquemos las riquezas espirituales, porque bien dice la Biblia:


Pero gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento; porque nada hemos traído a este mundo, y sin duda nada podremos sacar. Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto. (1 Timoteo 6.6-8)

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