• Alexis Sazo

La hipocresía




¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera, a la verdad, se muestran hermosos, mas por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia. (Mateo 23.27 RVR60)


Entre los versos 13 al 36 del capítulo 23 de Mateo, el Señor Jesús le enrostra su hipocresía a los religiosos de la época. Cuando leía este pasaje el día de hoy meditaba en mi propia hipocresía y en como los seres humanos buscamos siempre mostrarnos mejor de lo que somos.


Por ejemplo, las redes sociales han explotado muchísimo la hipocresía, ya que todos muestran vidas felices, plenas y «perfectas». Muchos usan un sin número de filtros para publicar la foto perfecta y verse mejor de como lucen.


Aunque entre los cristianos esto no es muy diferente, pues muchos hacemos como los escribas y fariseos (consciente o inconscientemente), pues buscamos vernos más santos y más espirituales cada vez que nos reunimos con hermanos en la fe. No solo llegamos hasta ahí, sino que tantas otras veces apuntamos a otros, siendo que nosotros hacemos lo mismo e incluso peor. Ninguno de nosotros desea que salgan a la luz esos pecados que cometemos lejos de la vista de nuestros hermanos. Sin embargo, la Palabra de Dios nos dice:


Porque no hay nada oculto que no haya de ser manifestado; ni escondido, que no haya de salir a luz. (Marcos 4.22 RVR60)


El aparentar ser más o mejor es parte de la naturaleza humana, ya que esto (la hipocresía) es una forma de mentira; y desde el día uno del pecado, la humanidad las dice sin que nadie nos las enseñe. Pero recordemos que Dios dijo: No matarás. No adulterarás. No hurtarás. No dirás falso testimonio (Mateo 19.18 RVR60). Además dice en Apocalipsis: Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda (Apocalipsis 21.8 RVR60). Asimismo, la hipocresía puede ser debido a nuestra altivez de corazón, ya que nos hiere profundamente que alguien pueda pensar que no somos quienes decimos ser; que era lo que pasaba con los fariseos que hacían las cosas para ser vistos por los hombres (Mateo 23.5-6), es decir, presentarse de mejor manera delante de sus semejantes. Por eso debemos orar diciendo:


Guarda también a tu siervo de pecados de soberbia; que no se enseñoreen de mí. Entonces seré íntegro, y seré absuelto de gran transgresión. (Salmos 19.13 LBLA)


Hermanos, todos somos o podemos ser víctimas de este horrible pecado. Pero lo importante es que no la alimentemos, que no le demos lugar en nuestras vidas. Sino que aprendamos a ser como el Señor, quien dijo: aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón (Mateo 11.29 RVR60). En vez de hacer las cosas para ser vistos por otros, vivamos haciendo las cosas únicamente para Dios.


Y todo lo que hacéis, de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias por medio de Él a Dios el Padre. (Colosenses 3.17 LBLA)


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