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  • Foto del escritorAlexis Sazo

La fe que agrada a Dios



De hecho, sin fe es imposible agradar a Dios. Todo el que desee acercarse a Dios debe creer que él existe y que él recompensa a los que lo buscan con sinceridad. (Hebreos 11:6 NTV)


Es interesante ver que si queremos agradar a Dios, tenemos que tener fe en Él. Claro, la gran mayoría de nosotros piensa que por el hecho de haber creído en su Palabra, ya le agradamos lo suficiente, pero ¿verdaderamente agradamos a Dios? Me refiero a ¿tenemos realmente la fe suficiente como para agradar a Dios? Lo que estoy tratando de decir, es que el requisito indispensable para agradar a Dios es la fe. Por ejemplo, ¿cuántos viven despreocupados por comida y vestimenta? Porque el Señor dijo:


Por eso les digo que no se preocupen por la vida diaria, si tendrán suficiente alimento y bebida, o suficiente ropa para vestirse. ¿Acaso no es la vida más que la comida y el cuerpo más que la ropa? Miren los pájaros. No plantan ni cosechan ni guardan comida en graneros, porque el Padre celestial los alimenta. ¿Y no son ustedes para él mucho más valiosos que ellos? (Mateo 6:25–26 NTV)


Es que mis hermanos, esta fe que nos demanda Dios, no es una fe parcial, no, sino que es una fe total. Su Palabra nos dice: «Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia». (Proverbios 3:5). Este es el deseo de nuestro Dios, que le creamos con todo nuestro corazón y confiemos en Él, tal como lo hace un niño pequeño con sus padres (Mateo 18:3). Porque, por ejemplo, un niño no se preocupa de qué va a comer o si hay suficiente comida para cocinar, si es que están los ingredientes necesarios para preparar un plato, etc. no, un niño tiene la plena certeza que tendrá un plato de comida a la hora de comer. Es esa misma confianza que Dios desea de nosotros. Es que, además, poner toda nuestra confianza en Él conlleva bendición:


Bendito el varón que confía en Jehová, y cuya confianza es Jehová. Porque será como el árbol plantado junto a las aguas, que junto a la corriente echará sus raíces, y no verá cuando viene el calor, sino que su hoja estará verde; y en el año de sequía no se fatigará, ni dejará de dar fruto. (Jeremías 17:7–8)


Quizás alguien esté pensando: «pero yo no tengo tanta fe, ¿qué hago entonces?» Sencillo, lo mismo que hicieron los apóstoles: «Dijeron los apóstoles al Señor: Auméntanos la fe» (Lucas 17:5–6). Así que, hermanos, pidamos a Dios que nos dé una fe con la que podamos agradarle cómo Él desea que le agrademos.

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