• Alexis Sazo

La experiencia más conmovedora



Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro. (Romanos 8:38–39)


Un creyente escribió:


Mi vida no tiene nada de excepcional. Sin embargo, quisiera compartirles mi experiencia más conmovedora. Quizás usted piensa en un acontecimiento sorprendente, pero no es el caso. Para mí esta experiencia consiste en la progresiva conciencia del amor de Dios por mí. Aunque soy creyente desde hace mucho tiempo, solo en estos últimos años este pensamiento del amor de Dios por mí me llena de una felicidad y una emoción cada vez más nuevas.


¡Qué sorpresa cuando yo, débil criatura, más escéptica que creyente, descubrí que era amada profundamente por Dios mismo, con un amor fiel, tierno y fuerte, siempre activo en el momento oportuno! Esto es lo que ahora constituye la fuerza de mi vida. Al ser consciente de este amor por mí, llegué a la convicción de que nunca más estaré solo. Aún cuando esté oscuro, sea incomprendido e incluso rechazado; sé que soy amado por aquel que está encima de todo, es decir, Dios. Tal como decía el salmista:


Detrás y delante me rodeaste, y sobre mí pusiste tu mano. Tal conocimiento es demasiado maravilloso para mí; alto es, no lo puedo comprender. (Salmos 139:5–6)


Quizás me pregunte: ¿Y cómo obtuvo tan maravillosa experiencia? A través de la fe que viene al oír la Palabra de Dios (Romanos 10:17). Particularmente en los evangelios, los que me hicieron descubrir el amor de Dios hacia mí por medio de su Hijo, el Señor Jesucristo. ¿Y qué decir de su sacrificio redentor? El punto culminante del amor divino se halla en la cruz, cuando Jesús dio su vida por mí: «El Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí» (Gálatas 2:20c). Recibir esto, sencillamente por la fe, aporta verdaderamente una felicidad pura, alentadora y maravillosa.


¿Y usted qué espera para tener la experiencia más conmovedora de su vida? ¡Venga a Jesús! Porque bien dijo Él:


Y al que a mí viene, no le echo fuera. (Juan 6:37)


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