• Alexis Sazo

La excusa más común para no aceptar la salvación



 

Como está escrito: No hay justo, ni aun uno; no hay quien entienda, no hay quien busque a Dios. Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno. (Romanos 3:10–12)

 

«Nunca le he hecho mal a nadie»


¿Quiere usted decir con esto que jamás ha tenido un mal pensamiento, no ha mentido ni ha tratado de engañar a nadie? ¿Ha amado a Dios con todo su corazón, alma, fuerza y mente? ¿Y ha amado a otros como a sí mismo? Esta es la perfección que Dios requiere (Lucas 10:26–37). Por supuesto, nadie puede vivir una vida tan perfecta. Usted tiene que admitir que ha pecado; y Dios dice: «el alma que pecare, esa morirá» (Ezequiel 18:4), y también: «La paga del pecado es muerte» (Romanos 6:23). Por lo tanto, ¿por qué no toma su lugar como perdido y derrotado ante los ojos de Dios y de excusarse o tratar de cubrir y justificar sus pecados? Porque no se los podemos esconder a Dios.


¿Cómo puede uno ser salvo? La respuesta es que Cristo «se dio a sí mismo en rescate por todos» (1 Timoteo 2:6). Porque el Señor Jesús «llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero» (1 Pedro 2:24). Dios «al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él» (2 Corintios 5:21). La justicia de Dios está satisfecha, no con lo que usted ha hecho, sino con lo que Cristo hizo por usted y por mí. Teniendo como base la obra que el Señor Jesús cumplió en la cruz, Dios le ruega que acepte el regalo de su salvación gratuita, completa y presente, a través de la fe en su Hijo Jesús, antes de que sea demasiado tarde.


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