• Alexis Sazo

La esperanza en la oscuridad



La ira de Jehová soportaré, porque pequé contra él, hasta que juzgue mi causa y haga mi justicia; él me sacará a luz; veré su justicia. (Miqueas 7:9)


Un humorista escribió: «Cuando me sentía abatido, alguien me dijo: “Anímate, las cosas podrían empeorar”. Así que me animé, pero ¡las cosas empeoraron!».


El gozo superficial raras veces ayuda a la gente abatida. Lo que anhelan son las tranquilizadoras noticias de que la vida pronto mejorará. Con respecto a esto, un pastor escribió: «En mis años de pastor, muchas veces tuve que decir a personas muy enfermas que si el Señor intervenía iban a morir en poco tiempo»


En los días del profeta Miqueas, había mucha gente en Israel que indudablemente quería escuchar algunas buenas noticias. La crueldad y la falta de honestidad de los ciudadanos, gobernantes y hasta de los jueces eran aterradoras:


Faltó el misericordioso de la tierra, y ninguno hay recto entre los hombres; todos acechan por sangre; cada cual arma red a su hermano. Para completar la maldad con sus manos, el príncipe demanda, y el juez juzga por recompensa; y el grande habla el antojo de su alma, y lo confirman. (Miqueas 7:2–3)


La nación estaba tan dividida que la gente ni siquiera podía confiar en sus amigos ni parientes más cercanos (vv 5,6). Los ciudadanos decentes esperaban que el profeta les dijese que un avivamiento pronto traería un gran cambio de su tierra. Pero él tuvo que decirles que el juicio de Dios estaba cerca; ya que los asirios invadirían el país en poco tiempo.


El panorama era sombrío, pero no irremediable. Miqueas veía más allá del juicio, un tiempo futuro en que la nación adoraría a Dios y sería bendecida. Algunos pueden haberle llamado pesimista, pero en realidad el profeta era una persona realista. Nosotros también podemos ser realistas con esperanza. Con el ojo de la fe podemos penetrar la presente oscuridad y ver la gloria eterna que nos espera, tal como dicen su Palabra:


Ya no tendrán hambre ni sed, y el sol no caerá más sobre ellos, ni calor alguno; porque el Cordero que está en medio del trono los pastoreará, y los guiará a fuentes de aguas de vida; y Dios enjugará toda lágrima de los ojos de ellos. (Apocalipsis 7:16–17)


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