• Alexis Sazo

La espada del Espíritu



Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón. (Hebreos 4:12)

En el versículo de Efesios 6:17 «y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios»; vemos una paradoja (desde un punto de vista humano), porque una espada es un objeto material, metálico, duro; mientras que el Espíritu Santo es invisible, inmaterial, y todopoderoso. Y en los combates de la fe, se nos ordena tomar «la espada del Espíritu», un arma espiritual, penetrante, incluso viva (Hebreos 4:12). ¿Cuál es esta espada? Es la Palabra de Dios, es decir, el mensaje de la Biblia. A través de ella podemos luchar contra los ataques espirituales, los razonamientos mentirosos y los dardos de la incredulidad que utiliza nuestro enemigo el diablo y todas sus huestes espirituales de maldad.

Ahora, para manejar bien esta arma, primeramente es necesario haber experimentado su poder personalmente. Ella debe haber penetrado nuestro corazón, nuestro espíritu, habernos convencido de que el mal está en nosotros y, a la vez, que el amor de Dios es por nosotros. Y en segundo lugar se debe «entrenar» con ella a diario, esto es, leerla, meditarla y estudiarla cada día. Porque es necesario que el creyente conozca muy bien su única arma «de ataque».

Tal como dice el versículo del encabezado, la Biblia tiene un poder sin igual, uno capaz de penetrar hasta lo más profundo del ser humano. Nuestra espada si bien es física, ya que es un libro, no obstante, como le dijo el apóstol Pablo a los corintios: «porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios» (2 Corintios 10:4–5).

Podríamos también decir que la Palabra de Dios es como un bisturí afiladísimo que nos sirve para quitar el mal. Pero al mismo tiempo nos da confianza y esperanza en el Señor. La Palabra desenmascara el mal y trae la gracia de Dios. Es la única arma ofensiva del cristiano y de ahí que sea tan importante que no solo la portemos con nosotros en la mano, sino también en la mente, pero especialmente en nuestros corazones.


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